SECCIONES

viernes, 23 de diciembre de 2016

En brazos de una doncella

Ya superada la mitad del mes pasado, convaleciente todavía de una intervención quirúrgica, me atrevo a salir y andar un poco por el pueblo, a dar un paseo corto, suave, sin pasarme. Aprovecho para ello que tengo que ir al ambulatorio a que le echen un vistazo, el último por ahora, a lo que ya comienza a ser una cicatriz recordatorio de la operación.
Haciendo tiempo hasta la hora de la cita, me encuentro con MG sentado en un banco de la Plaza de la Salud, la de los pensionistas; está esperando a su mujer, que ha ido a la peluquería; me paro a hablar con él, me invita a sentarme y lo hago, pues tengo todavía unos minutos hasta la hora de la cita médica. Charlamos de nuestros tiempos en la enseñanza privada, hace cuarenta años, y le recuerdo —no es la primera vez— que en el colegio donde trabajábamos lo vi enseñar a mis alumnos —y después ensayar repetidas veces— un precioso villancico desconocido entonces para mí: Al niño Dios, actualmente más conocido, por lo que he visto buscándolo en Internet, por el primer verso de su letra: En brazos de una doncella.
M conocía esta canción folclórica —melodía incaica— porque de joven había estado como cura misionero en Ecuador. Paradojas de la vida: en alguna ocasión reciente me ha dicho que cuando empezó, como cura que era, podía casar a las personas, y ahora, como abogado, “puede” descasarlas.
Yo por aquellos años era casi analfabeto musical, pero M sabía “meter las manos” en el piano, aunque rudimentariamente, y acompañaba, con un teclado que le proporcionó el colegio, el villancico que enseñaba en las aulas. Ahora, con el tiempo transcurrido sin practicar, ha perdido el toque que tenía y, aunque le gustaría mucho, dice que no puede interpretar sus melodías favoritas, ni las más sencillas. Ha intentado retomarlo desde hace unos años —me pidió partituras fáciles—, pero no tiene suficiente paciencia; ni esas melodías que le facilité puede tocar: se aburre, se cansa y lo deja.
Desde que escuché Al niño Dios por primera vez, me he servido de él en ocasiones —navideñas— para mis clases de música. Debo decir que muchos de los villancicos que he utilizado en al aula de educación musical no pertenecen a los tradicionales de nuestro país, son extranjeros, sudamericanos preferentemente (Huahuanaca, Huachito torito, En Belén...); y no porque no me gusten los españoles, que sí, algunos me gustan, y mucho, sino porque me atrae el exotismo, la originalidad, lo distinto, el salirme del “pero mira cómo beben” de siempre.
Ahora quiero utilizar Al niño Dios —o En brazos de una doncella, como quieran—, el villancico popular —ecuatoriano para algunas fuentes y boliviano para otras— que aprendí escuchando a MG a primeros de los setenta del siglo pasado; lo quiero utilizar para felicitar las navidades a quienes visiten Abonico por estas fechas. Advierto que no he encontrado una versión que me satisfaga plenamente, una como la reposada que permanece en mi memoria desde entonces —“Lento” indica la partitura en Caminos de la canción, uno de mis cancioneros—; aun así espero que les guste.
Y, copiada del cancionero citado, aquí está la partitura para quienes puedan y quieran utilizarla. Una sencilla interpretación con voces, flautas dulces imitando a las quenas —el “LA” inicial, a la octava superior— y algo de percusión (un pandero grande, una caja de cartón, un tambor de detergente...: cualquier cosa que imite al bombo andino) queda muy bien.


2 comentarios:

  1. Pepe, es tan extraño y perjudicial que algunas partes de las tradiciones se pierdan... El descubrimiento, protección y difusión de aquello que se encuentra en trance de desaparecer es tan importante que tu publicación, esta publicación y su música, se deben recoger y cantar entre las que conocemos y guardamos. Tu labor como recopilados, guardián de las tradiciones y crónicas de nuestro pueblo es tan encomiable como efectiva.
    Pepito,nunca dejes de recordarnos que los pueblos poseen una inmensa cultura que se debe proteger. Por mi parte, sólo puedo y lo haré, solicitaré tu nombramiento como Cronista de Santomera y Tradiciones de nuestro entorno.
    Un abrazo, mi querido amigo.

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    1. Gracias, Antonio, por el comentario.

      Creo que cualquier fragmento de cultura popular que se pierda supone una merma en el conocimiento de los que vienen después. Dentro del ámbito general de la cultura, lo popular, folclórico, étnico, es una parcela muy importante. De ahí el valor del paso de la oralidad a la escritura y a la grabación en audio y vídeo.

      En cuanto a lo de “cronista”, prefiero mantenerme simplemente como “escribidor” de recuerdos, de los míos, de una manera personal.

      Un abrazo.

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