SECCIONES

lunes, 27 de julio de 2015

Tres haikus de Benedetti

          HAIKUS
la poesía
dice honduras que a veces
la prosa calla
            ***
los bombardeos
remedian para siempre
la sed y el hambre
            ***
bloqueo / alzheimer /
hiroshima / otan / sida /
no fue un buen siglo
Mario Benedetti
(Rincón de haikus)

martes, 21 de julio de 2015

Espectacular

 —Ayer estuvimos comiendo en un restaurante que unos amigos nos habían recomendado.
—¿Sí?, ¿y qué comisteis?
—Arroz: una paella de conejo, con sus caracoles y todo.
—¿Y qué tal el arroz?
—¡Espectacular!
En el DRAE, espectacular:
1. adj. Que tiene caracteres propios de espectáculo público.
2. adj. aparatoso (II ostentoso).
Parece claro que un arroz, por muy bueno que esté, no debería calificarse de espectacular. Sin embargo, estamos ante el adjetivo de moda, un verdadero comodín para todo tipo de hablantes, sobre todo para asnalfas. Acompañado, todavía, de molón (de molar —mola, mola mucho, mola mazo—), está sustituyendo al guay de hasta no hace mucho o al dabuten de un poco antes o al fetén clásico, que son los que me vienen a la cabeza ahora mismo.
Hoy en día escuchamos la palabra “espectacular” constantemente; en la calle, en los bares, en la radio, en la tele…, en todas partes y en cualquier lugar, tanto en el lenguaje coloquial como en el más serio e incluso en el pretendidamente académico: para mucha gente, todo es espectacular; lo mismo le da al pezuco de turno que sea una comida, unas gafas, una prenda de vestir, unos zapatitos de niño, que unos fuegos artificiales o cualquier tipo de “espectáculo” —circense, teatral, cinematográfico…— propiamente dicho. Parece que no haya más calificativos que valgan, que no existan otros o que los existentes estén prohibidos y no los podamos utilizar.
Para quienes quieran evitar un uso excesivo del término “espectacular”, pongo a continuación unos cuantos adjetivos de utilización variada, según el caso, dependiendo de lo que haya que calificar. Aquí los tienen: bonito, precioso, bueno, muy bueno, buenísimo (bonísimo), óptimo, inmejorable, insuperable, extraordinario, perfecto, excelente, colosal, soberbio, excelso, brillante, sublime, superior, notable, sobresaliente, superlativo, magnífico, grandioso, exquisito, ingenioso, prodigioso, solemne, refinado, selecto… y todavía me dejo una docena de términos, la mayoría más suaves.
Lo que realmente resulta espectacular es presenciar el espectáculo que supone escuchar hablar a los “espectaculares”.

miércoles, 15 de julio de 2015

Cinturones y herreros (y 2)

Caldero y llave, madona
Los “argumentos” de Carlo Mª Cipolla sobre la pimienta, la guerra, los cinturones de castidad y la expansión del apellido Herrero, nos llevan —por lo menos a mí, por los caminos de la asociación— a un villancico de Juan del Encina (originalmente, con “z”, Enzina): Caldero y llave, madona, un poco lioso por la variedad de lenguas antiguas utilizadas —no se entiende todo—, pero gracioso por el explícito doble sentido sexual. Trata de un calderero —un herrero— que ofrece a las damas encinturonadas sus servicios, asegurándoles que “vos quedar ben contén (…) sin que me donar diner”.
La audición que ofrezco en Abonico ha sido tomada de la Obra musical completa de Juan del Enzina, editada por el Servicio de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia dentro de Monumentos Históricos de la Música Española, que, desde luego, fue una magnífica colección de monumentos musicales en formato elepé, y que yo tengo en una edición posterior mucho más barata, un estuche con 29 casetes.
La interpretación es de Pro Música Antiqua de Madrid, grupo fundado y dirigido por Miguel Ángel Tallante. Échenle primero un vistazo a la letra o, mejor, la leen mientras escuchan la grabación, que, así, será más fácil comprender; aunque, atentos, sobre todo en los fragmentos polifónicos —contrapuntísticos—, que dificultan la comprensión del texto.
El texto que pongo a continuación lo he tomado de Juan del Encina Poesía lírica y cancionero musical, edición de Royston Oscar Jones y Carlyn R. Lee, Castalia, 1979. Es más extenso que el de la audición, pero he preferido mantener los versos que no figuran en ella y tintarlos de rojo, para ofrecer una información más completa que pueda ser utilizada a conveniencia.
LETRA
Caldero y llave, madona,
jur'a Di, per vos amar
je voleu vo'l adobar.
Je vos pondré una clave
dentro de vostra serralla,
que romperá una muralla
nin jamay no se destrave.
Per mo foy, que donde trave,
según es mon ferramén,
que vos quedar ben contén,
que no me posa olvidar.
J'he a tapar los agujer
de toda la casa vostra
con la ferramenta nostra,
sin que me donar diner.
No trovaréis calderer
que vos sirva como a mí,
que, juro a la cor de Di,
ge faroy lo que mandar.
Juro a la san de Di,
si la mia pena conortas,
de serrar las vostras portas
sin que des maravedí.
Per ma foy, que ge me oblí
de vos fazer tal visoña,
qu'en lo país de Borgoña
non trovéis otro mi par.
Y pondrás en la clavera
un gros y gentil ponsón,
qu'en lo país de Aviñón
non la haya tal fuslera;
y para la delantera,
porque vai ben solsada,
que aunque dé gran martillada,
que non se pose doblar.
Je farás con mis martillos,
señora, si ben escoltas,
clave que de cuatre voltas
bien cierre vostros pestillos,
j'he l'abrito sin sentillos,
y que dé la volta entera,
y en la vostra espetera
je vos pondrás una cuchar.
Mo he clavar vostro molín
y untar ben el batán,
sin que des pedás de pan
nin torresne de tosín.
Y mon críate Joanín
portarávos cosas tan bellas
qu'entre todas las donzelas
vos serés más de mirar.
                 Juan del Encina
                               
video

La ilustración elegida para acompañar la audición es un detalle de la obra El triunfo de Venus (1469-70), de Francesco del Cossa; observen en él al individuo que —aunque no sea calderero, no creo— aparece en primer plano metiendo mano a una doncella. Y, ya puestos, fíjense también en los instrumentos musicales, más concretamente, en las dos flautas de pico (dulces) renacentistas, importantes en la época. 
Observación: La audición, lo he comprobado, se puede reproducir en Windows, con distintos navegadores; no ha funcionado en un par de móviles y sí en una tableta. ¿?

jueves, 9 de julio de 2015

Cinturones y herreros (1)

A Rafami cuñado, que es Herrero
Allegro ma non troppo
Allegro ma non troppo es el título de un inteligente y divertido librito del escritor italiano Carlo Maria Cipolla (1922-2000), catedrático de Historia económica y uno de los grandes historiadores del siglo XX.
Consta de dos partes, dos ensayos, cortitos y con mucho humor, publicados por separado en los años setenta del siglo pasado, en edición reservada para los amigos del autor. Su éxito hizo que algunas personas intentaran conseguirlos por medio de familiares y amigos de Cipolla, y otras los copiaran incluso a mano; así, los escritos se extendieron de forma clandestina, hasta que, finalmente, el autor decidió, tras su revisión, publicarlos en 1988.
El primer ensayo, El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico de la Edad Media, parodia estudios sesudos de economía para mostrarnos el picante papel de la pimienta en algunos fechos de la Europa medieval.
El segundo, Las leyes fundamentales de la estupidez humana, parodia estudios sociológicos para mostrar la abundancia, el comportamiento y la peligrosidad de las personas estúpidas.
Me gustaría tratar ahora en Abonico los argumentos que esgrime Cipolla en el primer ensayo. El segundo, ya veremos si tiene cabida en otra ocasión.
Pimienta, guerra, cinturones y herreros
A finales del siglo V se produce el hundimiento del Imperio Romano, y con él cae también el comercio con Oriente. Posteriormente, siglos VII y VIII, el avance musulmán le da la puntilla a las escasas relaciones comerciales Oriente-Occidente; en consecuencia, la pimienta oriental acabó siendo en Occidente un bien tan escaso y costoso como nunca antes lo había sido.
La pimienta, se sabe, es un potente afrodisíaco. Sin ella los europeos apenas consiguen compensar las pérdidas de vidas humanas causadas por las frecuentes guerras, entre locales y con los extranjeros.
Para liberar Tierra Santa de la opresión musulmana, a los cristianos se les ocurre organizar las Cruzadas, que permiten, también, abrir de nuevo las vías de comunicación con Oriente y, por tanto, el comercio, reabasteciendo a Europa de pimienta.
Los musulmanes fueron derrotados y el comercio de la pimienta creció, de tal modo que el aumento de su consumo incrementó el vigor en los hombres, que, rodeados de tantas mujeres, se dieron cuenta de la situación.

Y así, con unos guerreros lejos de sus hogares durante períodos largos de tiempo y unas mujeres abandonadas por sus maridos, nació la idea del cinturón de castidad: los cruzados colocan a sus mujeres el artefacto y con ello creen evitar el engaño y las continuas bromas pesadas por parte de sus propios compañeros.
Y… claro… con tantos hombres “estimulados” y tantas mujeres con cinturones de castidad, ellos se interesaron por la elaboración del hierro, se hicieron herreros, prosperaron y se dedicaron a hacer llaves y herramientas para abrir los cinturones “protectores”. 
Y esto provocó que la metalurgia europea entrara en fase expansiva y que el apellido Herrero (Smith en Inglaterra, Schmidt en Alemania, Ferrari, Ferrario, Ferrero o Fabbri en Italia, Favre, Febvre, Lefevre en Francia…) aumentara considerablemente.

Ya ves, Rafa, de dónde viene tu apellido.
  

viernes, 3 de julio de 2015

¡Alleluia, Mozart!

El sábado pasado vino a verme Encarni (hace poco, excelente alumna —es maestra, creo que de las buenas, de Educación Musical— y ahora, amiga). Aunque es de Almería, últimamente ha trabajado aquí en Murcia: cosas de las oposiciones. Encarni vino a despedirse antes de volver a su tierra una vez finalizado el curso escolar. Nos tomamos unas cervezas, hablamos, nos reímos, y me hizo un magnífico regalo —si siguen leyendo y escuchan al final, lo entenderán—: el disco ALLELUIA Motetes de Vivaldi, Händel, Porpora y Mozart (Decca, 2013), en interpretación de la soprano Julia Lezhneva, acompañada por Il Giardino Armonico, bajo la dirección de Giovanni Antonini. Gracias, Encarni, imposible elegir mejor.
La verdad es que salgo poco para asistir a conciertos, tan poco como al cine. Sé lo que me pierdo: que si la actuación en directo, que si el contacto con conocidos y amigos, que si, ya que sales, la cervecita o la cena…; pero, en cambio, disfruto todos los días, sin salir de casa, de la música y del cine, ¡vale!, sin las ventajas del directo pero también sin sus inconvenientes, sin sus molestias.
En 2014 (lo había anunciado con antelación en Abonico, algunos lo recordarán: En mayo, concierto) salí a disfrutar de Il Giardiono Armónico y Julia Lezhneva. Después del concierto me quedé con ganas de escribir, aquí en el blog, un comentario sobre lo impresionado que había quedado con la interpretación, tanto de la orquesta, algo que me esperaba por conocida, como de la soprano rusa, que no conocía y me dejó encantado, literalmente.
Pasado el tiempo —¡cuántas veces lo habré dicho!— me arrepentí de no haber comprado el disco que la Lezhneva, tras el concierto, firmaba y dedicaba; pero es que las entradas —tres— me habían costado más de 100 euros y esa noche todavía quedaban unas cervezas por tomar, para celebrarlo. Y ahora viene Encarni, que, dice, me había oído hablar sobre esto, y me trae precisamente ese CD, que, sépanlo ustedes, conservaré con más cariño que si me lo hubiese dedicado la famosa soprano.
De propina nos obsequiaron Il Giardino y Lezhneva con varias “golosinas”, entre ellas, un aleluya, que, posteriormente, traté de encontrar; buscándolo, me encontré con el “Alleluya” del Exsultate, jubílate de Mozart —con los mismos intérpretes—, que me ha hecho olvidar, o dejar para otra ocasión, el que buscaba.
Para el “primo uomo” de mi ópera he compuesto un motete, que será cantado mañana en los Teatinos, le dice Wolfgang Amadeus Mozart a su hermana, en una carta fechada el 16 de enero de 1773.
Ese motete es Exsultate, jubílate, K 165, una alegre cantata para solo y orquesta (como un concierto vocal pero con voz en lugar de instrumento solista), escrito por Mozart — 17 años— durante la composición de la ópera Lucio Sila, K 135 (en la cita anteror: “mi ópera”), en Milán a fines de 1772 y comienzos de 1773. Lo compuso a ratos, en momentos de descanso, y se trata de una pequeña obra escrita expresamente para su “primo uomo”, el castrado Venanzio Rauzzini, uno de los cantantes de Lucio Sila, al que admira y considera una “voz de ángel”. El motete consta de dos arias con un recitativo entre ambas y termina con el célebre “Aleluya”, la audición que traigo hoy a Abonico.
(…) los grandes virtuosos castrados solían, en tiempo de cuaresma, recibir homenajes de este género por parte de sus compositores predilectos, homenajes ad personam que ellos podían emplear después en sus conciertos espirituales, a los que asistía la crema de la sociedad” (Giovanni Carli Ballola y Roberto Parenti, tomado de Amedeo Poggi y Edgar Vallora, en Mozart. Repertorio completo, Cátedra).
Ya he dicho que sabía desde hace mucho tiempo de la calidad altísima de la agrupación Il Giardino Armonico, así como de la maestría de su director, Giovanni Antonini, de quien también conocía su categoría como flautista de pico. Pero jamás había escuchado a Julia Lezhneva; y, bien…, lo que se dice sobre la soprano rusa, todo elogioso, me parece totalmente acertado: se ha resaltado en ella la “pureza de su voz”, su “técnica perfecta”, ha sido calificada de “voz angelical”, y fue descrita por Kiri Te Kanawa como “uno de esos talentos extraordinarios que aparecen excepcionalmente”.
Bien… pues ahora compruébenlo ustedes: el “Alleluia” del Exultate jubilate de Mozart.
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Mozart: Exsultate, jubilate, “Alleluia”
Lezhneva, Il Giardino Armonico, Antonini