SECCIONES

martes, 29 de julio de 2014

“La calohh”

Vengo de comprar el pan ya la mañana avanzada del primer día verdaderamente caluroso de este año, aunque todavía no ha comenzado el verano. Veo, de frente, como a unos veinte metros, una pareja joven, chico y chica; él atrapado en la pantallita de su Smartphone, y ella con aire de aburrida. De pronto dice la chica, levantando la voz, y la mano, al tiempo que parece que me mira:
—¡¿Ande vahh con la calohh que’hace?!
Me sorprendo, claro, pero pronto me doy cuenta de que no es conmigo con quien quiere comunicar, sino con alguien que viene detrás de mí en mi misma dirección y que contesta en el mismo tono y el mismo volumen que su interlocutora:
—¡¿Que’ande voy con la calohh que’hace?! ¡¿Y tú…, que’hacehh ahi con la calohh que’hace?!
Y sigo andando.
Unos tres minutos después, llegando ya a mi casa, me encuentro con otra chica que abre la puerta de un coche y, desgarradamente, les dice a los que están dentro:
—¡Se vaihh a cocehh como pollohh!
Todo esto —mini diálogo y premonición—, en murciano-murciano, con una articulación y una entonación —la primera he tratado de reflejarla por escrito; la segunda, imposible— dignas de ser grabadas en audio, cosa que hago con mi voz inmediatamente en el móvil. Desde luego, nadie como un auténtico murciano puede decir la calohh como sabe hacerlo él.
Versión académica, para lectores que puedan necesitarla
Mini diálogo
—¿Adónde vas con el calor que hace?
—¿Que adónde voy con el calor que hace?, ¿y tú, qué haces ahí con el calor que hace?
Premonición
—Os vais a cocer como pollos.



jueves, 24 de julio de 2014

Iglesias y Manrique

Si Iglesias es tu primer apellido, si eres de izquierdas —más todavía si eres del PSOE— y tienes un hijo…, es bastante lógico —para muchos, una ocasión única— que elijas para él el nombre de Pablo, para que se llame Pablo Iglesias, como el considerado padre del socialismo español y fundador del PSOE y de la UGT; eso es mucho más lógico que optar por el de Julio porque prefieras que se llame Julio Iglesias, como el famoso cantante. Seguramente así pensó el padre del dirigente de Podemos, Pablo Iglesias, un político actualmente de moda.

Pues, con la misma lógica argumenté yo hace ya años cuando me encontré en la lista de clase con un alumno con nombre y primer apellido famosísimos: Jorge Manrique; y deduje, creyendo acertar: “Me parece muy bien, su padre, encontrándose con un apellido como Manrique, tan conocido en el mundo de las letras, lo aprovecha y le pone a su hijo el nombre de Jorge, el mismo del autor de las famosísimas Coplas por la muerte de su padre”. Pero me equivoqué, porque —al indagar lo supe— su familia no sabía nada, pero nada, del famoso escritor: había sido pura casualidad.

“cuán presto se va el plazer”
 

miércoles, 16 de julio de 2014

Paula y los Arnolfini



Aquí tienen un  detalle de una foto de Paula, mi nieta, donde aparece comiendo gusanitos, una de sus especialidades; y ello tras llevarme —arrastrarme no, porque todavía tiene poca fuerza, pero todo llegará—, tirando insistentemente de mi mano, hasta la tienda de las chuches, llegar sin titubeos hasta donde están los gusanitos —sabe perfectamente el camino— y pararse delante de ellos, señalando y pidiendo en su jerga habitual, hasta que le das una bolsa; entonces su cara se ilumina y te sonríe: recibes el mejor regalo del mundo y te sientes más que pagado; a continuación, ya en la calle, Paula busca un portal, un escalón donde sentarse y comienza a disfrutar, compartiéndolos conmigo, los riquísimos gusanitos. Entonces… la fotografío.

Les he mostrado sólo un detalle, un recorte, de la instantánea tomada. La sorpresa viene cuando, en la foto original, dejas de enfocar a Paula, amplías la mirada generosamente al resto del encuadre y te fijas en el espejo que, en el fondo, nos muestra… ¿qué?, ¿qué vemos en el espejo?: el  reflejo de Paula, de espaldas, y el fotógrafo, su humilde servidor —de Paula y de ustedes, aprovechemos ese ”su”—, de frente. Ni adrede hubiera salido tan bien.




Pues bien… esta foto de Paula con el espejo al fondo me trae a la memoria un cuadro de un revolucionario pintor flamenco del siglo XV, Jan van Eyck, El matrimonio Arnolfini (1434), magnífico retrato de los esposos y espléndido estudio de interior: toda una habitación, con un espejo al fondo, como en la fotografía. Para los que no conocen la obra y para los que la conocen pero no la recuerdan bien, aquí está:



Sobre este cuadro se ha escrito mucho y recomiendo la búsqueda de información a los interesados; pero ahora fijémonos solamente, como hemos hecho en la foto de mi nieta, en el espejo del fondo, donde se refleja, fiel y detalladamente, con escrupulosidad microscópica, todo lo que supuestamente tiene delante, la habitación entera vista desde atrás, incluida también, según parece, la imagen del pintor.


Y llegado el final…, créanme, sé lo que les pasa a algunos de ustedes por la cabeza: que un servidor aprovecha cualquier excusa para sacar a su nieta en Abonico. ¡Por supuesto que sí!


sábado, 12 de julio de 2014

"Lo siento"

Me temo que cuando una persona, frecuentemente un personaje —generalmente un político—, pillado en un delito, dice “lo siento”, lo que realmente quiere decir es “siento que me hayan pillado”: y no es lo mismo.

martes, 8 de julio de 2014

Debate

—Oye, ¿y el debate entre los tres aspirantes a la secretaría general del PSOE?
—No me lo creo.
—No te crees ¿qué?
—Eso: “lo”
—¿Lo?
—Sí
—¡Ah!

miércoles, 2 de julio de 2014

Bach, La Chata y Nicolet

Quiero dedicar esta entrada a DOS ANTONIOS: uno es Antonio Campillo Ruiz, El Bamboso, y el otro es Antonio Abellán López, mi hijo menor: Mi Antonio. Al primero de ellos —que me animó a empezar con Abonico y que lo comenta muy generosamente y con frecuencia— porque gracias a una entrada de su blog he recordado lo que les contaré ahora después; y al segundo, porque ha terminado envuelto en la trama por aquello de la asociación de ideas, y porque es mi hijo: ya saben ustedes… la familia…

Últimamente se me amontona el trabajo: son ya tantos los sitios webs que visito diariamente, sobre todo periódicos, revistas y blogs, que no doy abasto. Me gusta picar aquí y allá buscando fuentes interesantes donde beber, y con cierta frecuencia encuentro novedades, por lo que cada vez es mayor el número de lugares a visitar. Cosas de Internet.

Uno de los blogs de obligada visita periódica para mí es el de mi paisano Antonio Campillo, un hombre con una sensibilidad que salta a la vista en las distintas entradas de su bitácora digital, Dactyliotheca, donde comparte con sus visitantes sus ideas, sus reflexiones, sus sensibles preocupaciones, múltiples y progresistas. En una de sus últimas entradas (01-06-2014), Concierto para dos instrumentos y una sinfonía, elogia la grandeza de Bach, el enorme, el magnífico (quítense gorras, viseras, sombreros, chisteras…), y sus reflexiones me han recordado que, para mí, Bach —quizá el primero—, en general, ha sido de difícil interpretación, aunque cuando consigues hacerlo decentemente, la enorme satisfacción, el placer… ya se los pueden imaginar mis lectores.

Realmente la asociación de ideas a la que me refería arriba se ha puesto en marcha sobre todo a partir de uno de los comentarios de la entrada de Dactyliotheca a la que nos referíamos más arriba. Una de sus lectoras, Ana Mª Ferrin, dice: “en varias ocasiones, artistas plásticos y arquitectos me han contado que gestaron sus trabajos con fondo de Bach. Pero, algo curioso, nunca un escritor […]”. Bueno, esto es una interesante materia de reflexión, pero para otra ocasión, si se tercia. Ahora vamos a lo que vamos.

Resulta que precisamente con música de Bach parió La Chata —una magnífica perra bóxer que tuvimos en casa durante trece años— su primera camada de perritos. Cuando se puso de parto, para que estuviera tranquila, pues no se decidía por ningún lugar como paritorio, le acondicioné, en un amplio estudio que teníamos, detrás del piano, una gran caja de cartón donde llevó a cabo la compleja tarea sin pensárselo dos veces: el sitio le gustó; mientras tanto, en el equipo de música, que estaba en la misma habitación, sonaban, en plato giradiscos, elegidas para la ocasión, las Sonatas para flauta, de Johann Sebastian Bach, interpretadas por Aurèle Nicolet (flauta), Karl Richter (clave) y, en el vol. 2, Johannes Fink (viola da gamba). Lo recuerdo muy bien; a menudo, cuando surge el tema del valor de la Música, me viene a la memoria esta anécdota: una perra pariendo con un relajante fondo musical de Bach. Creo que el reconocimiento del valor formativo de la Música, que se ha extendido sobre todo desde lo que se conoce como El efecto Mozart, podemos ampliarlo al Efecto Bach o a cualquier otro, pues no creo que sea cosa de Mozart, Bach o Beethoven, sino de buena música.

Aquí están las carátulas de los dos discos de vinilo que contienen las Flöten-Sonaten:


Y vean qué bien le salió la cosa a La Chata, ayudada por la música de Bach: aquí la tienen con sus cachorrillos recién paridos.


Y aquí tienen ustedes, en la foto siguiente, a Aurèle Nicolet, el intérprete que tocaba las sonatas de Bach mientras La Chata paría. Nicolet había sido flauta solista, entre otras, de la Orquesta Filármónica de Berlín. ¿Y saben con quién posa en la foto y a quién se la dedica de su puño y letra? Pues… está con mi hijo Antonio —el Antoine de la dedicatoria—, que en esos días iba a conocerlo en un curso que impartía en el Conservatorio de Murcia. Y sepan ustedes —no es amor de padre o por lo menos no solamente— que Antonio también llegaría a ser, unos años después, un buen intérprete de Bach. 


¿Se entiende ahora por qué he hablado antes de asociación de ideas?, ¿por qué he unido mentalmente el blog d’El Bamboso con el parto de La Chata, este con Nicolet y al flautista con mi hijo Antonio? Y no he seguido con la asociación, pero podría unir la cadena a mí mismo, pues dos obras de Bach contenidas en estos discos, una de sus sonatas para flauta y la Partita para flauta sola —esta como obra obligada—, formaron parte del repertorio en mi examen final de Flauta de Pico; con sus aconteceres, que dejo para otra ocasión.

Creo que, para terminar, podemos añadir una audición de Nicolet interpretando a Bach; sí, precisamente la Sarabande de la Partita para flauta sola (BWV 1013), de Johann Sebastian. Escuchándola se harán ustedes una idea de lo tranquilamente, y bien, que parió La Chata. ¡Ya quisieran en los paritorios de los mejores hospitales!

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