SECCIONES

lunes, 24 de febrero de 2014

Paula

Fíjense bien. No quiero que el día de mañana me digan que no les avisé. Sí, es Paula, mi nieta: un bombón. Aquí está posando para sus admiradores, atenta a las sugerencias pianísticas que se le hacen. No, no voy a exagerar y darme postín como hizo Leopold Mozart con su hijo; yo no voy a decir que interpreta esto y lo de más allá. Quiero que primero aprenda canciones infantiles aunque sea con un dedito solo; después… ya veremos: Bach, Mozart, Beethoven, Chopin, Liszt, Rachmáninov…

Observen, a continuación, qué maneras apunta ya la primera vez, cómo se sienta al piano y cómo pone las manos. Ese dedo índice de la mano derecha buscando el cromatismo en la tecla negra pertinente, el acompañamiento con la izquierda, la mirada atenta... ¡Con qué precisión sincroniza las dos manos!, ¡con qué musicalidad!

Bueno… parece que he exagerado un poco; pero, claro… no cuesta tanto, es propio del abuelo orgullosísimo, a quien se le cae la baba solo con rememorar las escenas para escribir la presente entrada.

viernes, 21 de febrero de 2014

Estampas leales (en chino)

Recomiendo la visita periódica a Mercado de espejismos, blog de Felipe Benítez Reyes (Cádiz, 1960), uno de los poetas españoles más importantes de la actualidad, que toca casi todos los géneros y cuenta con el Premio de la Crítica, el Nacional de Literatura y el Nadal. Recientemente, Cada cual y lo extraño (Destino) ha sido elegido como el “mejor libro de cuentos del año 2013” en una encuesta entre los lectores de El País.

Vean lo que escribe sobre una familia leal (en chino):

Mercado de espejismos, 10 de febrero de 2014
DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Primera acepción de INFANTA: "Niña que aún no ha llegado a la edad de siete años".
***
Mercado de espejismos, 12 de enero de 2014
LA REALIDAD O REALEZA DE UNA FAMILIA MARGINAL
El patriarca pegándole al vaso, con la pata quebrada y con la amante huida. La madre sin hablarse con el padre. Una niña imputada y la otra soltera y con dos churumbeles, el varón aficionado a las escopetas y la chiquilla con un calcetín siempre en la mano. El yerno quinqui con perspectivas de entrar en el talego. La mujer del primogénito escapándose —dicen— por las noches...
Y la cabra del espectáculo pastando en el jardín.
***
Mercado de espejismos, 9 de julio de 2013
PLAN PARA UNA NOVELA
-Época difusamente medieval.
-Un país en que reina un bobalicón que practica el pluriempleo como comisionista internacional a la vez que se dedica a la depredación sexual de princesas extranjeras, un poco a la Benny Hill.
-Un encantador de infantas que se arruina al construirse un palacio a imitación de los de los sultanes y que se ve obligado a dedicarse al robo para pagar ladrillos, con la connivencia de los grandes señores feudales.
-Un virrey con la baba caída y con el pelo teñido que mantiene la paradoja de que es indispensable arrasar el territorio para salvar el territorio.
-Un avieso vigilante del tesoro que acaba encerrado en las mazmorras del castillo.
-Una bruja diferida que parece que se trabuca al hablar, pero que en realidad está profiriendo exóticas y ancestrales fórmulas manchegas de hechicería para apoderarse de la voluntad del populacho.
...Abandono el proyecto: no resultaría creíble.
***

sábado, 15 de febrero de 2014

¿Tú, de mayor...?

Cuando era niño yo quería ser mayor para peinarme para atrás y para llevar correa, pues a los niños de mi época nos peinaban con raya en el lado izquierdo y los pantalones los llevábamos sujetos con tirantes; con peto y tirantes. Sin embargo, la pregunta que se me hacía constantemente —siempre con guasa— sobre mis aspiraciones para cuando fuera mayor iba por otro camino:


—Tú, cuando seas mayor, ¿quieres ser un hombre de provecho o recoger moñigos?

¡Cuántas veces, en mi infancia, me hicieron esta pregunta!

Y yo, evidentemente, sabía lo que tenía que contestar: un hombre de provecho.

Aunque no terminaba de entender qué quería decir un hombre de provecho, intuía, por comparación con la segunda de las opciones, que era algo bueno o… menos malo. Buen provecho también era la expresión que se decía a alguien que estaba comiendo y a algo de eso me sonaba a mí un hombre de provecho. Por otro lado, lo de recoger moñigos lo asociaba a la pobre gente que, entonces, con un capazo en la mano, se dedicaba a recoger los boñigos que burros, mulas y caballos (numerosos en la época) dejaban sembrados por las calles.

Bien… pues todo esto me viene a la cabeza cuando leo Zagalico a por istiércol, una poesía de Vicente Medina que trata, entre otros, del asunto de la recogida del estiércol por los niños de su época. Cuando se llenaba el hoyo donde se almacenaba, se vendía y otra vez a empezar de nuevo.

Y siempre el mismo recuerdo: tú, cuando seas mayor…

***
Zagalico a por istiércol

                                        Compadéscase al que sea,
                                        si no tiene más remedio,
                                        ya ayudarse, que mandar
                                        a sus hijos por istiércol.
Al verme en la terea echar los bofes,
suelen decirme: «¡A trebajar te matas!»
Y es el caso que no tengo avaricia:
Si fuera por mí solo, a mí me basta
un sayo remendao, pero limpio,
y un bocao de pan y un trago d'agua.
Tengo ambición, es cierto, pero no es como aquella
que en naïca repara.
La ambición que yo tengo no es por mandar en otros
ni por tirar en rumbos y jaranas
aquello de que tantos
pobres sufren la falta...
Lo que ambiciono yo ës algo de que muchos
ricos escasos andan:
es el caudal de entendimiento claro
y facultades altas
pa salir de la más triste pobreza,
que es la de sucumbir en la ignorancia...
Y tampoco es por mí, pues ya no tié remedio
mi desgracia:
Mi padre fué más pobre que yo, y su pobreza
de la más mala,
pues pensó en agenciar,  sin ver el daño
que nos causaba,
y, en lugar de mandarnos a la escuela,
a mí y a mis hermanos nos echaba,
ca uno con su capazo, a por istiércol,
que valía seis reales una carga...
En ves de la cartera pa los libros,
el capacico a la espalda...
Ya lleno el capacico,
vuelta a la casa,
dobläos
por la carga...
Vaciar el capacico
y volver a salir ¡hala que hala!
Con el capazo a cuestas, recogiendo moñigos,
la vida, a mis hermanos y a mí, se nos pasaba
junticos recorriendo
los caminos reales, desde el alba,
pasando rechicheros,
fríos y nubes malas
y ventoleras
que nos cegaban...
Teníamos que ir juntos porque había peleas
por pillar moñigueros, Y de ello resultaba,
(pues es ley de la vida), que era siempre el más fuerte
quien, con razón o sin razón, ganaba...
Como el ir y venir con los capazos
nunca paraba,
nuestro corral se hundía con el montón d'istiércol
que salía por cima de las tapias.
Hubo ves que vinieron a comprarlo
y los burros con sárrias
se llevaron no menos
de cien cargas...
Éramos casi ricos,
pero como a otros ricos nos pasaba:
¡con el montón d'istiércol, que eran nuestros posibles,
nuestro atraso y torpeza s'igualaban!
Ni yo ni mis hermanos fuimos nunca a la escuela:
¡qué más desgracia!
Ni de letra ni pluma ni de cuentas
sabíamos, siquiera, una palabra...
*
Así yo me crié... Por eso, desde cuando
de mi escasés de luces colijo mi desgracia,
es mi afán que mis hijos no falten a la escuela
y es mi ambición el darles enseñanza...
Así yo me crié... Y, trebajando,
me verás, por lo mesmo, echar el alma,
¡en tal de que mis hijos
por istiércol no vayan!
Vicente Medina


domingo, 9 de febrero de 2014

La tuba y el trombón

Forges, 19-01-2006, El País

Hace bastante tiempo, más todavía, me sorprendió escuchar, viendo una película, muy buena por cierto (El secreto de vivir, de Frank Capra), cómo, en el doblaje, llamaban trombón a una tuba. Muchas veces lo he comentado desde entonces. Pero, es curioso, eso no ocurre en el original —inglés— ni en los subtítulos en español, donde la tuba es una tuba, como tiene que ser.

video 
Para una buena cantidad de gente, yo diría que para la mayoría, cualquier instrumento musical es un pito. Da igual que sea un clarinete, un oboe, una flauta… incluso, a veces, un violín.
Ahora, con el tiempo pasado, ya no me sorprende tanto, pero sigue haciéndome gracia lo disculpada que está la ignorancia musical comparada con cualesquiera otros aspectos del saber. Por ejemplo, es frecuente escuchar “yo es que de música no entiendo” o “yo es que no he estudiado música”, pero no es tan frecuente “yo es que no he estudiado matemáticas” o “yo es que no he estudiado ortografía”.
En la misma línea del chiste de Forges con el que comienza esta entrada, un amigo mío, cuando en una conversación aparece algún nombre propio perteneciente al mundo de la ciencia, la música, la literatura, el cine…, considerado raro por él, como, por ejemplo, Tchaikovsky, suelta de inmediato con bastante gracia:
—¿En qué equipo juega ese?

Y ya termino. Otra vez el trombón, ahora en un libro. La chica del trombón es una novela de Antonio Skármeta, más conocido por El cartero de Neruda —que fue llevada al cine: El cartero (y Pablo Neruda)— y El baile de la Victoria —Premio Planeta 2003—. Pues bien, en la portada de la novela La chica del trombón aparece una niña mirando por la boquilla de una tuba. Véanlo:

¡Qué casualidad!
Saquen ustedes sus propias conclusiones.