Últimamente (bueno... quizás no tan últimamente) me he encontrado unas cuantas veces por la calle a un conocido del pueblo a quien creía algo más joven que yo pero que ha resultado ser de mi edad más o menos, alguien a quien apenas he tratado de adulto pero que recuerdo medianamente bien de cuando era niño. Aunque hace mucho calor en estos días de verano, lo veo con el cuello (zona de la garganta y parte superior del pecho) bien tapado bajo la camisa, cubierto hasta arriba; y pienso: «¿traqueotomía?» (su apodo es —lo era ya de adolescente— el nombre de una marca de cigarrillos), lo que ahora me lleva a relacionar por enésima vez tabaco y cáncer, sobre todo en esa parte del cuerpo mencionada. Después se me ocurre preguntar por ahí y, en efecto, he acertado, lamentablemente.
Y esto me trae a la memoria la imagen de un vecino que tuve siendo niño, a quien conocí mucho mejor que al del párrafo anterior, un amigo que con el tiempo (entonces no tardábamos mucho en engancharnos a fumar) pasaría a ser ‘el celtas’, sobrenombre que hacía referencia al tabaco que, ya desde muy joven, fumaba excesivamente: celtas cortos (tuvo también desde bien pronto algún otro apodo con significado no más halagüeño, pero ahora no viene al caso).
Ya de adulto, aunque todavía joven, el celtas hubo de ser operado de un tumor en la garganta, y ahora me lo imagino (por lo que me cuentan, pues estoy muchos años sin verlo) hablando con la ayuda de un aparato de apoyo a la fonación o escribiendo en alguna libretita aquello que, sin cuerdas vocales, no puede decir.
Por cierto, no hace tanto tiempo que me enteré de que aquella marca de cigarrillos españoles, Celtas, el tabaco conocido en mi juventud como el chester obrero, fue una respuesta (una réplica tosca, según Andrés Trapiello) a los famosísimos cigarettes franceses Gauloises.
Pocos cigarrillos ha habido tan famosos como los Gauloises, cuyo nombre procede del pueblo galo (gauloises es el plural de gaulois, adjetivo y sustantivo que en francés significa galo). Sí, se trata de los paisanos de Astérix y Obélix, que tan bien resistieron a los romanos según cuentan Uderzo y Goscinny en los muchos volúmenes de Astérix el Galo.
Así pues, lógica respuesta: ellos, los galos, y nosotros, los celtas. ¿Y por qué no los íberos?, me he preguntado alguna vez, o, mejor, los celtíberos, que engloba a los dos grandes pueblos prerromanos de la península.
Después he caído en que sí hubo aquí una marca de cigarrillos de nombre englobador, los Peninsulares, pero no sé si tendría algo que ver con lo que acabo de contar, supongo que no.
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