Leo, sorprendido, que «Kim Kardashian celebra su libertad luciendo “durazno” al aire» (en Soy Carmín, un medio que no conozco, al que llego a través de Google Play Kiosco).
Pincho en la que a primera vista me parece una noticia morbosa (las comillas en la palabra «durazno» colaboran a ello) y el titular que aparece en la página que se abre en la pantalla es ligeramente, solo ligeramente, distinto: «Kim Kardashian deja su durazno al aire y celebra su libertad». Así que… por ahora… continúa el misterio.
El texto que me encuentro en el primer párrafo contribuye poco a la aclaración del tema, todo lo contrario; en realidad contribuye al aumento de la morbosidad, pues dice que «Kim Kardashian es una de las mujeres más hermosas y codiciadas de las celebridades, la cual el día de hoy sorprendió a sus seguidores con un diminuto bañador, con el cual dejó su durazno al aire y festejó su libertad sin el apellido West».
¿¡Un diminuto bañador que dejó su durazno al aire!?
Aquí lo dejo.
Asociado a esto, pronto, desde el principio, me ha venido a la cabeza un chiste —creo que se lo escuché a Eugenio— en el que un hombre le dice a otro mientras toman una cerveza en la barra de un bar:
—Oye, tío, ¿sabes qué me pasó ayer?
—No, cuéntame.
—Que, ojeando el periódico, me encontré con un anuncio que decía: «Señora madura enseña el búlgaro»
—¿Y?
—Pues, nada, que, intrigado, cogí el coche, fui a la dirección indicada en el anuncio y…
—¿Y?
—Pues que… resulta que «el búlgaro» es un idioma.
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