SECCIONES

viernes, 15 de diciembre de 2017

¡Hola, pichas!

Me lo he encontrado hace poco: todo un hombre. Han pasado veintitantos años. Le he contado la anécdota y no la recuerda: era muy niño entonces.
Iba yo hace esos veintitantos años paseando por la Calle de la Gloria (¡Qué buen nombre para una calle que te conduce al cementerio!: es la ruta en el pueblo para llevar los cadáveres a enterrar) y pasaba junto a la plaza del Ayuntamiento cuando llegó a mis oídos, como de lejos, una aguda voz de timbre infantil:
«¡Hola, pichas!»
Dos palabras pronunciadas con bastante entonación, yo diría que cantando un poco separadas las dos sílabas de cada palabra, entonándolas con un intervalo musical de una tercera menor descendente entre ellas —entre cada pareja de sílabas—, un intervalo muy sencillo de cantar, muy infantil, propio de los comienzos del aprendizaje en entonación vocal en música.
Bueno… a lo que vamos. No recuerdo si es que me di por aludido y, en ese caso, por qué, o simplemente lo hice por curiosidad; lo cierto es que giré la cabeza y miré en la dirección de la que creía venía el sonido. ¿Que qué vi?: un niño de unos siete años, alumno mío entonces en el colegio, que, desde lo alto de una de las ventanas de la que supuse era su vivienda, dirigiéndose a mí, volvía a elevar una voz de timbre y tono  inequívocamente infantiles para, por si no me había enterado la primera vez, decirme de nuevo:
«¡Hola, pichas!»
Sorprendido, descolocado —no sabía qué hacer—, sonreí, quizás un poco fríamente pero lo hice, lo saludé con un leve gesto de la mano y seguí mi camino.
Posteriormente, en el colegio, lo llamé al orden; sin acritud, pero se lo dije: «¿¡tú crees que está bien que, en plena calle y a grito en boca, llames “pichas” a tu maestro!?». Me escuchó con cara extrañada, que denotaba no saber por qué no estaba bien saludar con aprecio, con cariño, a su maestro de música diciéndole «¡hola, pichas!» de la manera más tierna que sabía hacerlo. Sí, con cariño, porque eso es lo que hizo, saludarme cariñosamente.
La palabra «picha» es un sustantivo que significa pene, miembro viril, pero aquí en el pueblo, y desconozco la zona por la que se extiende, tanto en singular como, sobre todo, en plural —pichas—, es un cariñoso apelativo (también lo son los diminutivos pichica, pichiquia, y sus plurales: pichicas y pichiquias), como lo fue en su momento cuñao o puede serlo, ahora, tío. «¿Puede haber sido —me pregunto— un contagio del extendido pisha andaluz?».
Supongo que ese «¡hola, pichas!» que afectuosamente me dedicó con tanto desparpajo mi joven alumno, incluso en el caso de que pueda ser considerado irrespetuoso por algunos, es parte del precio a pagar por esa buena relación, ese trato lúdico que he procurado mantener en mis clases a lo largo de mi carrera docente, trato del que siempre me he sentido orgulloso y del que otros docentes, lo he podido comprobar, huyen como de la lumbre, no sea que los pequeños les pierdan el respeto y se les suban a la chepa.

4 comentarios:

  1. Pues, sí, Pepe, creo que este apelativo cariñoso, como dices, se ha utilizado desde hace mucho tiempo. Lo curioso es que en la época en la que dices que sucedió el evento, creo que era mucho más habitual que actualmente. Hacía no sé cuanto tiempo que no escuchaba, leía, esta palabra. Su raíz debe ser bastante antigua pero su pérdida por falta de comunicación y comprensión creo que es, lamentablemente, fruto de la potente aparición de vocablos cada día más reducidos en su pronunciación pero de significado más variopinto. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por aquí todavía se escucha de vez en cuando ese “pichas” amigable.

      Gracias, Antonio. Un abrazo.

      Eliminar
  2. Efectivamente Pepe, yo crecí con ese "pichas" y también "cuñao" que todavía utilizo cuando vuelvo a reencontrarme con algunos amigos de infancia.Y una cosa curiosa es que aquí donde vivo actualmente que para nada se utilizan esos vocablos mi circulo más allegado me conoce como "cuñao"(porque yo se lo llamo a ellos).Quizás de una manera inconsciente salga ese lado cariñoso del vocablo al utilizarlo yo con ellos sobre todo con los más allegados.
    Por otro lado y referente a la filosofía en cuanto al trato que tú has llevado con tus alumnos sólo te puedo decir que yo como alumno he tenido por suerte alguno de elllos y precisamente ha sido al que más he apreciado y respetado.
    Un abrazo .

    ResponderEliminar
  3. Parecido a lo te ocurre a ti, en mis tiempos universitarios, al grupo que formábamos los del pueblo, los compañeros que compartían piso con nosotros nos llamaban los cuñaos de Santomera. También ocurrió alguna vez que donde nos escuchaban sin conocernos bien creyeron que éramos cuñados de verdad.

    Gracias, y un abrazo, Paco.

    ResponderEliminar