SECCIONES

viernes, 6 de enero de 2017

Marcelos (1)

Como estoy jubilado, le propongo a un amigo, todavía maestro en activo, que salgamos a la calle con su grupo de alumnos libreta en mano para preguntar, a modo de encuesta, a las personas que nos vayamos encontrando a nuestro paso, si les suena el nombre de Marcelo, si saben quién es. Lo hacemos y… ¿sorpresas?: pocas, no crean.
Como esto no es un tratado académico no nos vamos a detener en estadísticas, pero sí podemos ofrecer un resumen:
· Algunas, personas, pocas, bastante mayores, de ambos géneros, se acuerdan del galán cinematográfico Marcello Mastroianni.
·    Una gran mayoría de gente perteneciente al género femenino no tiene ni idea de quién puede ser o haber sido ese tal Marcelo por el que preguntamos; a alguna chica le suena a futbolista, baloncestista... deportista como mínimo, y cree eso porque algún familiar suyo —marido, padre, hermano, novio...— es aficionado a “esas cosas”, sí, ya saben, al fútbol y todo eso.
·  Algún individuo, que aparenta más formación, bromea diciendo que el ángel de la guarda del anterior ministro de interior se llama Marcelo.
·    Sin embargo, casi todos los individuos pertenecientes al género masculino, independientemente de su edad, lo tienen claro y contestan rotundamente, con seguridad, que ¡cómo no lo van a conocer!, que se trata del defensa lateral izquierdo del Real Madrid, a lo que muchos suelen añadir algo por el estilo de ¡menudo jugador!
·    Nadie conoce —lógicamente— a más marcelos
¿Qué otro u otros marcelos deberían ser conocidos?, se preguntará más de uno; pregunta que yo aprovecho —me lo ponen fácil— para mi aporte marcelero, musical como es lógico.
Se trata de dos compositores, quizás solo famosos para un reducido grupo de gente. Para no meter la pata, busco en mis libros por si hay más de dos, pero no, solo encuentro dos músicos, italianos, con el apellido Marcello (ahora con dos “eles”, pero se pronuncia una sola como alargada, aunque es cierto que la sílaba “ce” tampoco se pronuncia como la nuestra: es italiano).
Recuerden cómo en La dolce vita la despampanante Anita Ekberg, metida en el agua de la Fontana de Trevi, llama a Marcello Mastroianni, alargando la “ele” o, parecido, pronunciando las dos “eles” por separado: ¡Marchel·lo!.
Los compositores a los que me refiero son los venecianos Alessandro Marcello (1669-1747) y Benedetto Marcello (1686-1739), hermanos, y conocidos, quiero suponer, por los amantes de la música barroca.
El mayor, Alessandro, fue contemporáneo casi exacto de Bach. Como sus hermanos, aprendió violín con su padre; también se interesó por las matemáticas y la astronomía.

Alessandro Marcello (Wikipedia)
Su obra más famosa, y razón por la que lo creo el más conocido de los dos hermanos, es un admirable Concierto en re menor para oboe y cuerda (oboe, 2 violines, viola y continuo), que transcribió para clave Johann Sebastian Bach (BWV 974); se trata de un concierto que fue erróneamente atribuido a su hermano Benedetto, y, con  anterioridad, a Vivaldi; una obra que en el último tercio del siglo pasado se popularizó gracias a la utilización de su cautivador segundo movimiento en la película Anónimo veneciano (1970), ópera prima del director italiano —también actor y guionista— Enrico Maria Salerno. (Me dice mi hijo Antonio que una amiga suya, profesora de oboe, se decidió por dicho instrumento tras ver esta película.)

Ese cautivador segundo movimiento es el extraordinario Adagio que les pongo a continuación para concluir esta primera cita marcelera. La versión —mi favorita— es la de la Camerata Köln, y el oboista que interpreta tan maravillosamente esta genial melodía con un oboe barroco —escuchen con mucha atención y ajústense los cinturones— es Hans-Peter Westermann.
Hans-Peter Westermann

Audición:


En la próxima entrada, Benedetto.

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