SECCIONES

domingo, 1 de febrero de 2015

Cadena perpetua y Mozart

Ya les dije que me gusta cortar trozos, para mí significativos, de películas con el fin de utilizarlos en clase  —cuando daba clases; ahora, para poner en Abonico—, sobre todo trozos musicales o que tengan que ver con la música. Y uno de los primeros que seleccioné, si no el primero, fue el que hoy les presento, un fragmento de Cadena perpetua, que es como llamaron aquí en España a The Shawshank Redemption (en otros países de habla también española se llamó Sueños de libertad,  Escape a la libertad o Sueño de fuga).

Cadena perpetua (EE.UU. 1994) es una película de Frank Darabont (guion y dirección), protagonizada por Tim Robbins y Morgan Freeman y basada en la novela Rita Hayworth y la redención de Shawshank, de Stephen King. Se trata de un drama carcelario, una entrañable y muy entretenida película con un gran tema de fondo: la amistad; también la corrupción, así como la educación, el conocimiento y la sensibilidad frente a la barbarie.


Sinopsis (FILMAFFINITY): Acusado del asesinato de su mujer, Andrew Dufresne (Tim Robbins), tras ser condenado a cadena perpetua, es enviado a la cárcel de Shawshank. Con el paso de los años conseguirá ganarse la confianza del director del centro y el respeto de sus compañeros de prisión, especialmente de Red (Morgan Freeman), el jefe de la mafia de los sobornos.

Tuvo siete nominaciones a los Oscars de 1994, aunque no se llevó ninguno; enfrente tenía a Forrest Gump. Pero ha sido muy bien tratada por los críticos, entre quienes hay alguno (Pablo Kurt, en FILMAFFINITY) que, tras destacar que “el guión […] te atrapa poco a poco en un crescendo magistral, regalando uno de los finales más bellos de las últimas décadas”, dice que “Robbins nunca ha estado mejor, provocando con su contenida interpretación una empatía que me recuerda a Gregory Peck en Matar a un ruiseñor. Y […] Morgan Freeman, con una mirada tierna y sincera que te sentencia a quererlo a perpetuidad, sin necesidad de cadenas.”

Bueno… a lo que vamos, al fragmento seleccionado: Andrew Dufresne (Tim Robbins), una vez ganada la confianza de los carceleros, basada en la necesidad que de él tienen como experto en contabilidad, ha recibido, para la biblioteca del centro penitenciario, tras infinitas peticiones durante seis años, un cheque de 200 dólares más un lote de “libros usados y otras cosas”, entre ellas unos discos. Echa un vistazo a las cajas y toma en sus manos un álbum de Las bodas de Fígaro, ópera de W. A. Mozart sobre un libreto de Lorenzo da Ponte. El protagonista pone el vinilo en el tocadiscos y sorprende a todos encerrándose en la habitación y conectando los micrófonos para que se pueda oír en toda la prisión el duettino de la obra conocido como Sull’aria… che soave zeffiretto, o simplemente Sull’aria, o, también, como Canzonetta Sull'aria; se trata de un dúo entre dos personajes femeninos de la ópera: Susana y la Condesa de Almaviva. Bueno… mejor véanlo y escúchenlo, y presten atención también a los comentarios de Red (Morgan Freeman), que aquí les facilito:

“No tengo ni la más remota idea de qué coño cantaban aquellas dos italianas, y lo cierto es que no quiero saberlo: las cosas buenas no hace falta entenderlas; supongo que cantaban sobre algo tan hermoso que no podía expresarse con palabras, y que, precisamente por eso, te hacía palpitar el corazón. Os aseguro que esas voces te elevaban más alto y más lejos de lo que nadie, viviendo en un lugar tan gris, pudiera soñar. Fue como si un hermoso pájaro hubiera entrado en nuestra monótona jaula y hubiese disuelto aquellos muros, y por unos breves instantes hasta el último hombre de Shawshank se sintió libre. […]”

La versión que escuchamos en la película es de 1968, la del entonces considerado por muchos el mejor director mozartiano, Karl Böhm, al frente de la Orquesta de la Ópera de Berlín, y el duettino lo interpretan Gundula Janowitz (Condesa de Almaviva) y Edith Mathis (Susanna).

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Como en el trozo seleccionado los comentarios de Red (Morgan Freeman) no dejan escuchar la música como es debido, ahora pongo, para los interesados, el mismo fragmento musical, en la misma versión, pero sin las palabras del recluso: disfruten.
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6 comentarios:

  1. Amigo Pepe, ¡que diferencia cuando se introduce, en la secuencia de un filme, una música que aporte delicadeza, armonía, y supere la propia estructura del guión! Este caso que señalas es uno de los mejor conseguidos. Como sabes, en la historia del cine, un autor excepcional siempre ha utilizado música clásica en la que enmarcaba sus complejos relatos: Stanley Kubick. El maestro de maestros impulsaba hasta cotas insospechadas su catarata de imágenes dinámicas con la energía de la música de grandes compositores clásicos. Este no es el caso de realizar un paréntesis, un leve cambio que refuerza la historia y la dota de una compleja y bella simbiosis entre imagen/narración/interpretación/belleza que provoca en el espectador un elevado punto de interés. Te invito, Pepe, para que realices un estudio tan minucioso y espléndido como el que has realizado en este artículo con "Out of Africa", "Memorias de África" de Sydney Pollack, 1985.

    Un abrazo, Pepe.

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    1. Tu invitación me apetece: me pondré a trabajar en “Memorias de África” y el Adagio del “Concierto para clarinete” de Mozart.

      Un abrazo.

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  2. Por fin me atrevo a hacer un comentario sobre una entrada tuya; la razón es porque me encanta. Es una película que me apasiona y este momento concreto me provoca, siempre que la veo, una emoción muy particular, tanto por mis sensaciones como por la capacidad que tiene de provocar mi inmersión en ese momento determinado y admitir la experiencia de esos presos como mía. Tanto es así, que la he recordado sin poder escucharla, debido a algún problema que desconozco.
    Un abrazo Pepe. Gracias por enseñarme tanto.

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    1. Gracias, PALSOL: coincido contigo en lo de la “emoción muy particular”, quizás por eso elegí ese fragmento de la película.

      Un abrazo.

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  3. ¡ Qué voces ! Yo creo que los conflictos bélicos que hay en la actualidad se podrian resolver
    poniendo en una mesa a los contendientes y hacerles escuchar esta música, estas voces.Es-
    toy convencido que llegarian a una solución : aflorarían los mejores sentimientos por cada parte.
    Los conflictos no bélicos ya es otro cantar .

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    1. Creo recordar, Antonio, que Milos Forman, el director de “Amadeus”, tras el estreno de la película dijo algo así como que si los militares escucharan a Mozart no habría guerras.

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