«¡Y la montaña… parió un ratón!». Es lo que, proveniente de una fábula —en realidad… de más de una—, me viene a las mientes ante las primeras noticias que tratan de la publicación —tras días anunciando el acontecimiento a bombo y platillos— de los documentos que, referentes al 23 F, han permanecido «protegidos» hasta ahora.
La fábula, muy breve, relata cómo los montes dan terribles signos de estar a punto de dar a luz, infundiendo pánico a quienes los escuchan. Sin embargo, después de señales tan asombrosas, los montes paren un pequeño ratón. La fábula, y la expresión "el parto de los montes", se refieren por lo tanto a aquellos acontecimientos que se anuncian como algo mucho más grande o importante de lo que realmente terminan siendo. (Wikipedia, 27-02-2026).
La moraleja que se suele extraer de esta historia (que me recuerda, a su vez, el dicho popular «mucho ruido y pocas nueces») se refiere a hechos que se anuncian con gran rimbombancia como grandes acontecimientos, sí, como algo mucho más grande o importante de lo que acaba siendo.
Traigo aquí la versión de Félix María Samaniego, de la que excluyo los últimos versos, los de la moraleja, por no venir a cuento ahora, ya que en ellos el gran fabulista se refiere en concreto a los escritores de «estilo fanfarrón y campanudo».
EL PARTO DE LOS MONTES
Con varios ademanes horrorosos
Los montes de parir dieron señales:
Consintieron los hombres temerosos
Ver nacer los abortos más fatales.
Después que con bramidos espantosos
Infundieron pavor a los mortales,
Estos montes, que al mundo estremecieron,
Un ratoncillo fue lo que parieron.
[…]
Samaniego, Félix María: Fábulas.
Edición de Ernesto Jareño.
Madrid, Castalia, 1975, pág. 91.