SECCIONES

viernes, 10 de julio de 2020

Almorranas imperiales

Creo que fue recién publicado, hace ya una docena de años, cuando leí el libro de historia novelada (así he leído que era calificado) El pedestal de las estatuas, de Antonio Gala, y en él me encontré con alguna información sorpresiva para mí, como la de que Carlos I (Carlos Primero de España y Quinto de Alemania se decía en mis años de bachiller) no pudo haber estado presente en la batalla de Mühlberg, simplemente porque se encontraba entonces (y no sé si con algún otro impedimento) reposando en una litera «lleno de gota y almorranas», que no le habrían permitido mantenerse tan erguido sobre la silla del caballo como lo pintó el grandísimo Tiziano en un cuadro muy importante en Historia del Arte: Carlos V en la Batalla de Mühlberg, un título que da por sentado que el emperador estuvo, y tan chulo, en dicha contienda. 
Después de mirar bien el cuadro, léase lo que escribió Gala refiriéndose al emperador:
Su apariencia era desastrosa: bajo, de piernas estevadas, con un prognatismo que le mantenía la boca abierta permanentemente, y hablando un alemán mínimo y titubeante. Por supuesto, Tiziano, al que Carlos respetaba y admiraba hasta darle el título de conde, dignificó por lo menos, y aun embelleció cuanto pudo, a aquel hombre. En el caso de Mühlberg no sólo hizo eso, sino que lo trasladó de la litera donde reposaba lleno de gota y almorranas a un piafante caballo. (Gala, Antonio: El pedestal de las estatuas. Barcelona: Planeta, 2007, pág. 175).
Entresijos de la Historia, me da por pensar.

viernes, 3 de julio de 2020

Notas altas

«Es importante que a la facultad de Educación se entre con notas altas», leo que dice Isabel Celaá, ministra de Educación y Formación Profesional (El País, 23-02-2020), en una entrevista de la que la prensa destaca su pretensión de mejorar la formación de los maestros.
A la admirable profesión de docente, por su enorme importancia social, deberían acceder con gozo los aspirantes más dotados y los mejor preparados para ejercerla: los mejores estudiantes. Nuestros gobernantes de cada momento deberían arbitrar más y mejores medios para que así fuera. ¿Cómo? Pues preparando bien a sus futuros maestros, estimulando después su valoración social, mimándolos en su trabajo, mejorando sus condiciones laborales, pagándoles unos generosos sueldos, exigiéndoles una labor seria y una dedicación esmerada... y ello para que todos los posibles aspirantes —incluidos, sobre todo, los más dotados y con más vocación— se sientan atraídos, muy interesados por esa maravillosa labor de docente, para que todos los estudiantes quieran ser maestros, buenos maestros, muy buenos maestros.

viernes, 26 de junio de 2020

Ahora que viene a cuento

«De aquellos polvos vienen estos lodos», dice un refrán español queriendo indicar, según el Centro Virtual Cervantes, que «la mayor parte de los males que se padecen son la consecuencia de descuidos, errores o desórdenes previos, e incluso de hechos aparentemente poco importantes».
Sí, aun no siendo muy amigo del uso de dichos, máximas, sentencias... se me ocurre ahora echar mano del refranero cuando leo que, años antes de esta pandemia del coronavirus y de sus terribles estragos en las residencias de ancianos de nuestro país, ya llamó la atención del escritor Marcos Ordóñez la sutil manera que tuvo la Generalitat de «dar oxígeno a las arcas de los servicios» que administraban dichas residencias; así lo plasmó el también profesor y crítico teatral, que, según el índice del libro, fecha sus palabras en 2013:
De una noticia reciente, aunque la fecha sería lo de menos:
«La Generalitat dio ayer luz verde a los geriátricos para reducir la atención de fisioterapeutas, trabajadores sociales, psicólogos, terapeutas ocupacionales y educadores sociales. Las patronales del sector y la Generalitat acordaron recortar, de manera opcional y transitoria, los horarios de algunos profesionales como medida para dar oxígeno a las arcas de estos servicios»
(Para una antología de perversiones de lenguaje: «dar luz verde», «de manera opcional y transitoria», y «dar oxígeno».)
Ordóñez, Marcos: Una cierta edad. Barcelona: Anagrama, 2019, pág. 121-122.
¿Relación causa-efecto? ↔ ¿Vienen estos lodos de aquellos polvos?
Adenda: Para mí, el que esto tuviera lugar en Cataluña no es especialmente significativo, sino solo un botón de muestra dentro de un amplio muestrario.

viernes, 19 de junio de 2020

Conveniencias

Suelo leer cada domingo lo que escribe José Luis García Martín en su blog Café Arcadia; me gusta, me invita a la reflexión y, aunque no siempre, tiendo a estar bastante de acuerdo con él. «¿Cuándo un bulo se convierte en una hipótesis razonable?» se pregunta el profesor escritor en «El día más triste» (11-03-2019); y a continuación responde: «Cuando conviene a nuestros intereses».
Sin embargo, yo creo que, si actuamos con honradez, más que cuando conviene a nuestros intereses, un bulo se convierte en una hipótesis razonable cuando concuerda con nuestra manera de pensar, cuando coincide más o menos con ella; por eso no es de extrañar que ese bulo del que hablamos nos parezca menos bulo cuando proviene de correligionarios nuestros.
Véase qué bien lo expresa el humorista argentino Daniel Paz en esta viñeta:

viernes, 12 de junio de 2020

Café con leche

Hace ya tiempo que enviudó, y desde entonces, cada mañana de cada día, su hija le prepara el desayuno en la cocina, se lo lleva a la tienda y lo deja, a cubierto de las miradas de la clientela, tras uno de los dos pesos que hay sobre sendos mostradores, concretamente detrás del más cercano a la puerta principal del establecimiento, la que da a la carretera general. Siempre lo mismo: un café con leche en un vaso grande, de los usados para el agua, y unas pocas pastas de las que hay en las estanterías para vender «al peso»: dos o tres galletas de la marca Cuétara, que a veces elige y coge él mismo directamente de la lata que las contiene (maría, campurrianas, tostada…). Y con cierta frecuencia, dependiendo de que tenga más o menos trabajo esa mañana y de sus ganas de tomar algo —habitualmente pocas—, el desayuno puede permanecer allí una hora, dos... incluso toda la mañana, hasta la hora de la comida de mediodía; y entonces... Rosendo se toma el café con leche frío, deprisa… de un trago, y sin galletas que lo acompañen.


viernes, 5 de junio de 2020

Envejecimiento

No hace tanto que me he enterado —y me ha sorprendido— de que llevo envejeciendo la mitad de mi vida, más o menos, según leo en un artículo de Marian Benito (El País, 05-12-2019) cuyo título dice: «Un análisis de sangre que revela la edad biológica señala que empezamos a envejecer a los 34 años». Después, ya al final del escrito, añade que esa edad de treinta y cuatro años sería un buen momento para empezar a pensar en la prevención y el alargamiento saludable de la vida (con algún retraso me llega la idea, pienso), y para ello lanza un par de sugerencias, relacionadas con el ejercicio físico y con una buena alimentación, algo que, aunque ya sabido desde tiempo atrás, comencé a cuidar tarde, muy tarde, pero… en ello —y por ello— «ando», ahora sí.