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viernes, 11 de septiembre de 2026

DUELO EN DRESDE

Una de las anécdotas musicales más populares que circulaban por Alemania a finales del siglo xviii era la de un desafío, un duelo, paradójicamente no celebrado, entre Johann Sebastian Bach y Louis Marchand, dos virtuosos del teclado.

Aunque no podemos verificar los detalles de esta historia, porque no está documentada en escrito testimonial alguno, que conocemos algunas cosas que apoyan la verosimilitud del acontecimiento; sabemos que había habido un precedente: Dresde había sido ya escenario de un anterior desafío parecido; y también sabemos que Louis Marchand viajó a Dresde en 1717. Por otra parte, el «duelo fracasado» ha sido transmitido —en el Obituario de Bach— con una coherencia tal que parece garantizar la autenticidad de la narración.

El Obituario de Bach (Necrolog) fue escrito en 1754 por su segundo hijo, Carl Philipp Emanuel Bach, y por su discípulo Johann Friedrich Agricola.

En 1717 Marchad, organista francés y famoso intérprete del clave, visitó Dresde, fue escuchado por el rey, tuvo éxito, y le fue ofrecido un puesto bien remunerado al servicio de Su Majestad.

El koncertmeister —concertino— de Dresde en la época, Jean Baptiste Volumier, que conocía los méritos y habilidades de Bach, le escribió a Weimar para que participara en un certamen por la superioridad musical contra el altanero Marchand: algo así como Alemania contra Francia.

Bach aceptó la invitación, se dice que de buena gana, y viajó a Dresde, donde fue recibido con júbilo por Volumier, quien propició que, desde un lugar oculto, su favorito pudiera escuchar tocar a Marchand. Después Bach invitó a Marchand, por medio de una cortés misiva, a un duelo musical y el francés aceptó la invitación. Entonces, con el conocimiento del rey, se acordaron la hora y el lugar.

Bach se presentó a la hora prevista en el lugar elegido para el certamen, la casa de un ministro de la corte, Joachim Friedrich, conde de Flemming, donde, expectante, se había reunido un nutrido grupo de personas de ambos sexos, todas de alta alcurnia: la crème de la crème.

Se esperó largo rato a Marchand; y viendo que no llegaba, el anfitrión envió mensajeros a buscarlo a sus aposentos por si había olvidado su compromiso. ¡Sorpresa!: Marchand había abandonado Dresde a primera hora de la mañana, dejando como vencedor del certamen —por abandono— a Bach, que tuvo la oportunidad de demostrar en solitario su talento, asombrando a los presentes.

El Rey quiso premiar a Bach con una suma importante —500 táleros—, pero un sirviente, digamos que un individuo de cuidado, dejó sin regalo a nuestro genio, al que solo le quedó la honra de la victoria, que no es poco, pero…

Entonces... ¿queda la duda de quién hubiera ganado el duelo? Parece claro que no, que el ganador habría sido el mismo, Bach. Al respecto, se cuenta, con intención, que, igual que Bach había escuchado ensayar a Marchand, este, quizás incitado también por el mismo Volumier, había hecho lo mismo con Bach, y que, asustado por lo que escuchó, puso pies en polvorosa. Lo cierto es que, desde la perspectiva actual, la superioridad de Bach parece clara, pues conocía bien todos los estilos de música: francesa, inglesa, italiana..., además de la propia alemana, mientras que Marchand era, aunque un virtuoso de indiscutible genio, más limitado.

 

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