Aunque inseguro, Antonio se considera —lo ha pensado más de una vez—, si no muy sobrado de instrucción, sí lo suficientemente formado y puesto al día: «en un grado decente», es la expresión que le gusta utilizar al referirse a ello. En la exigente autoinspección con la que se castiga de vez en cuando, se ve a sí mismo superando, no cree que por mucho ni, por supuesto, en todos los aspectos —algo que sería imposible—, el mínimo que estima conveniente para —y aquí duda— un conocimiento aceptable del mundo, de su evolución, de su sociedad, de su cultura…
Y viene observando desde hace tiempo que alguna gente lo mira con gesto de extrañeza, como a bicho raro, de arriba abajo, examinándolo, en concreto cuando se expresa oralmente sobre determinadas cuestiones; así le ocurre, por ejemplo, al utilizar en su discurso algunas formas del pretérito perfecto simple de ciertos verbos irregulares, como es el caso del tan común «andar».
—Sí, ayer anduve diez mil pasos —dice, refiriéndose al tema de sus habituales caminatas.
—¿¡Eim!? —le responde, frunciendo el ceño y casi gruñendo, el escuchante de turno, con extrañeza ante tal extravagancia— ¿anduqué?
Pensando en esto, le viene a la memoria, y lo recuerda como chocante y gracioso, el título —o subtítulo, no está muy seguro— de una sección de la revista El Papus («el papus - revista satírica y neurasténica»), un título o subtítulo de sección que decía algo así como:
El Papus estuvió allí. Bueno... estuvir estuvir no estuvió, pero como si estuviera.
Y, recientemente, la última vez que se ha acordado de esto ha sido releyendo una selección de fragmentos y anotaciones que, en su momento, señalando con lápiz y marcando con algún que otro posit, hizo en Cocodrilos en el diccionario. Hacia dónde camina el español, un libro del Instituto Cervantes publicado por Espasa Calpe, que leyó hará cosa de un año y le pareció muy interesante desde un punto de vista informativo lingüístico, y, además, muy agradablemente aderezado, salpimentado a lo largo de sus páginas, con anécdotas y con chistes que a Antonio se le ocurre calificar de humor «filológico», como el ejemplo que viene a continuación, que los autores del libro dicen haber tomado de un artículo de Enrique Arias Vega («Andó, jodido, pero andó», elperiódico.com, 09/10/2008).
[…]
Todos conocemos el chiste del coadjutor que predicaba sobre la resurrección de Lázaro. «Cuando Jesús le dijo “levántate y anda”, Lázaro andó», sermoneaba el auxiliar. Escandalizado por el lapsus linguae, el párroco le susurró, con irritación a su subordinado: «Anduvo, jodido, anduvo». Creyendo cogerla al vuelo, el coadjutor precisó la frase: «Al principio anduvo jodido, pero andó».
[…]
VV.AA. (Instituto Cervantes): Cocodrilos en el diccionario. Hacia dónde camina el español. Madrid: Espasa Calpe, 2016, Pág. 170.
Así que… «anduvo», pero también «andó».
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