SECCIONES

viernes, 18 de septiembre de 2026

50º ANIVERSARIO

Para Toñi, por más de 50 años.

Toñi y yo nos conocimos en Granada, en un viaje de estudios al que ninguno de los dos habíamos ido por derecho propio (ni ella ni yo estábamos allí porque originalmente nos correspondiera). Yo me había unido al curso de estudiantes de magisterio que lo había organizado (un grupo del plan de estudios que siguió al mío ya en extinción) porque tenía amigos en él. Y ella había ido en sustitución de su hermana, que, esta sí, estudiaba magisterio en dicho curso, pero —no recuerdo por qué— no había podido ir al viaje.

Y nos encontramos allí debido al puro azar, nada de intervención divina ni de que se conjuntaran los astros de forma favorable (Da bienes Fortuna / que no están escritos, escribió el poeta). Yo recuerdo, concretamente, aunque de manera poco clara, algunas imágenes de una noche de baile en el Sacromonte. Ella, para mi vergüenza y remordimiento, recuerda algo más, y, además, con algunos detalles que me ha contado no hace tanto.

Pronto vi en Toñi la figura de alguien especial: tan joven —casi cinco años menor que yo— y tan responsable, tan estudiosa, tan seria y a la vez tan llena de vida…, ilusionada con cualquier proyecto que se cruzara en su camino, rindiendo al máximo en todo y, al mismo tiempo, disfrutando de la vida… Justo lo que yo necesitaba, lo que quería: empuje, estímulo positivo para el cambio de rumbo que, tras unos años en barbecho, había decidido dar a mi vida, ánimo para el nuevo camino de estudio serio, constante, ilusionado... ¿Quién mejor que quien se tomaba tan en serio sus estudios podía haber elegido para apoyar mi decisión de continuar muy seriamente con los míos? ¿Quién más estimulante que aquella preciosa joven tan madura y tan atractiva para mis ojos?

Desde entonces, con altibajos supongo que normales, y con alguna desavenencia y discusión de poca monta y menor importancia, estamos juntos, seguimos unidos hasta hoy, llegada ya la conmemoración de aquellas fechas en su quincuagésimo aniversario.

¿Que cuál creo que ha sido el secreto que pueda explicar la permanencia de tanto tiempo juntos sin apenas contratiempos de importancia? Pues… el mismo que, poco tiempo antes de morir, resaltó el cantautor Javier Krahe en una entrevista de prensa que le hicieron, en la que le pedían que dijera… eso mismo, que cuál era el secreto que había tras tantos años de buena convivencia con su mujer.

La verdad es que yo tengo muy buena relación con mi mujer… Y el secreto, pues no sé... Bueno, hay una cosa: ni ella ni yo levantamos nunca la voz. Hablamos en voz bastante baja, y eso creo que ayuda mucho.

Ortega Lucas, Miguel Ángel: «Javier Krahe, la ironía como escudo», InfoLibre, 03-09-2015.

Desde luego, en nuestro caso, como en el de Krahe y su mujer, ni Toñi ni yo nos levantamos nunca la voz, así que mi respuesta, de hacérseme una pregunta como la que le hicieron al cantautor, sería muy parecida a la suya.

Gracias, Toñi.

viernes, 11 de septiembre de 2026

DUELO EN DRESDE

Una de las anécdotas musicales más populares que circulaban por Alemania a finales del siglo xviii era la de un desafío, un duelo, paradójicamente no celebrado, entre Johann Sebastian Bach y Louis Marchand, dos virtuosos del teclado.

Aunque no podemos verificar los detalles de esta historia, porque no está documentada en escrito testimonial alguno, que conocemos algunas cosas que apoyan la verosimilitud del acontecimiento; sabemos que había habido un precedente: Dresde había sido ya escenario de un anterior desafío parecido; y también sabemos que Louis Marchand viajó a Dresde en 1717. Por otra parte, el «duelo fracasado» ha sido transmitido —en el Obituario de Bach— con una coherencia tal que parece garantizar la autenticidad de la narración.

El Obituario de Bach (Necrolog) fue escrito en 1754 por su segundo hijo, Carl Philipp Emanuel Bach, y por su discípulo Johann Friedrich Agricola.

En 1717 Marchad, organista francés y famoso intérprete del clave, visitó Dresde, fue escuchado por el rey, tuvo éxito, y le fue ofrecido un puesto bien remunerado al servicio de Su Majestad.

El koncertmeister —concertino— de Dresde en la época, Jean Baptiste Volumier, que conocía los méritos y habilidades de Bach, le escribió a Weimar para que participara en un certamen por la superioridad musical contra el altanero Marchand: algo así como Alemania contra Francia.

Bach aceptó la invitación, se dice que de buena gana, y viajó a Dresde, donde fue recibido con júbilo por Volumier, quien propició que, desde un lugar oculto, su favorito pudiera escuchar tocar a Marchand. Después Bach invitó a Marchand, por medio de una cortés misiva, a un duelo musical y el francés aceptó la invitación. Entonces, con el conocimiento del rey, se acordaron la hora y el lugar.

Bach se presentó a la hora prevista en el lugar elegido para el certamen, la casa de un ministro de la corte, Joachim Friedrich, conde de Flemming, donde, expectante, se había reunido un nutrido grupo de personas de ambos sexos, todas de alta alcurnia: la crème de la crème.

Se esperó largo rato a Marchand; y viendo que no llegaba, el anfitrión envió mensajeros a buscarlo a sus aposentos por si había olvidado su compromiso. ¡Sorpresa!: Marchand había abandonado Dresde a primera hora de la mañana, dejando como vencedor del certamen —por abandono— a Bach, que tuvo la oportunidad de demostrar en solitario su talento, asombrando a los presentes.

El Rey quiso premiar al ganador con una suma importante —500 táleros—, pero un sirviente, digamos que un individuo de cuidado, dejó sin regalo a nuestro genio, al que solo le quedó la honra de la victoria, que no es poco, pero…

Entonces... ¿queda la duda de quién hubiera ganado el duelo? Parece claro que no, que el ganador habría sido el mismo, Bach. Al respecto, se cuenta, con intención, que, igual que Bach había escuchado ensayar a Marchand, este, quizás incitado también por el mismo Volumier, había hecho lo mismo con Bach, y que, asustado por lo que escuchó, puso pies en polvorosa. Lo cierto es que, desde la perspectiva actual, la superioridad de Bach parece clara, pues conocía bien todos los estilos de música: francesa, inglesa, italiana..., además de la propia alemana, mientras que Marchand era, aunque un virtuoso de indiscutible genio, más limitado.

 

viernes, 4 de septiembre de 2026

ANDUVO Y ANDÓ

Aunque inseguro, Antonio se considera —lo ha pensado más de una vez—, si no muy sobrado de instrucción, sí lo suficientemente formado y puesto al día: «en un grado decente», es la expresión que le gusta utilizar al referirse a ello. En la exigente autoinspección con la que se castiga de vez en cuando, se ve a sí mismo superando, no cree que por mucho ni, por supuesto, en todos los aspectos —algo que sería imposible—, el mínimo que estima conveniente para —y aquí duda— un conocimiento aceptable del mundo, de su evolución, de su sociedad, de su cultura…

Y viene observando desde hace tiempo que alguna gente lo mira con gesto de extrañeza, como a bicho raro, de arriba abajo, examinándolo, en concreto cuando se expresa oralmente sobre determinadas cuestiones; así le ocurre, por ejemplo, al utilizar en su discurso algunas formas del pretérito perfecto simple de ciertos verbos irregulares, como es el caso del tan común «andar».

—Sí, ayer anduve diez mil pasos —dice, refiriéndose al tema de sus habituales caminatas.

—¿¡Eim!? —le responde, frunciendo el ceño y casi gruñendo, el escuchante de turno, con extrañeza ante tal extravagancia— ¿anduqué?

Pensando en esto, le viene a la memoria, y lo recuerda como chocante y gracioso, el título —o subtítulo, no está muy seguro— de una sección de la revista El Papusel papus - revista satírica y neurasténica»), un título o subtítulo de sección que decía algo así como:

El Papus estuvió allí. Bueno... estuvir estuvir no estuvió, pero como si estuviera.

Y, recientemente, la última vez que se ha acordado de esto ha sido releyendo una selección de fragmentos y anotaciones que, en su momento, señalando con lápiz y marcando con algún que otro posit, hizo en Cocodrilos en el diccionario. Hacia dónde camina el español, un libro del Instituto Cervantes publicado por Espasa Calpe, que leyó hará cosa de un año y le pareció muy interesante desde un punto de vista informativo lingüístico, y, además, muy agradablemente aderezado, salpimentado a lo largo de sus páginas, con anécdotas y con chistes que a Antonio se le ocurre calificar de humor «filológico», como el ejemplo que viene a continuación, que los autores del libro dicen haber tomado de un artículo de Enrique Arias Vega («Andó, jodido, pero andó», elperiódico.com, 09/10/2008).

[…]

Todos conocemos el chiste del coadjutor que predicaba sobre la resurrección de Lázaro. «Cuando Jesús le dijo “levántate y anda”, Lázaro andó», sermoneaba el auxiliar. Escandalizado por el lapsus linguae, el párroco le susurró, con irritación a su subordinado: «Anduvo, jodido, anduvo». Creyendo cogerla al vuelo, el coadjutor precisó la frase: «Al principio anduvo jodido, pero andó».

[…]

VV.AA. (Instituto Cervantes): Cocodrilos en el diccionario. Hacia dónde camina el español. Madrid: Espasa Calpe, 2016, Pág. 170.

Así que «anduvo», pero también «andó».