Una de las bondades que observas en la escritura —en el hecho de escribir—, sobre todo si esta es sosegada —y la tuya suele serlo—, es que te obliga a pensar, a seleccionar y ordenar las ideas, a exponerlas con cuidado, y…, como consecuencia, te lleva también a una mejor expresión oral: hablas mejor, más reflexivo, más cauto… y creo que con más conocimiento (¿sabiduría?). Hay quien dice, y no me extraña nada, que piensa mejor, que solo sabe hacerlo bien, cuando escribe.
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Blog de Pepe Abellán
SECCIONES
viernes, 6 de noviembre de 2026
viernes, 30 de octubre de 2026
ARCAS Y COFRES
De niño, nunca me pareció un arca lo que, para enfrentarse al diluvio universal, salvando a su familia y preservando la vida animal en el planeta Tierra, construyó Noé cumpliendo un encargo divino; y ello porque en la casa de mi infancia había una, en realidad era un cofre —así lo llamábamos—, y, por más que lo miraba, dudaba de que, por muy grande que fuera, aquel mueble, o uno parecido, llegado el caso, pudiese flotar en el agua conteniendo en su interior un peso considerable; y mucho menos cabía en mi imaginación que, aun fabricado en un tamaño muy grande, ni siquiera en uno gigantesco, pudiera ser utilizado con éxito como nave para la disparatada acción titánica de salvamento que cuenta el relato bíblico del diluvio universal, un verdadero dislate en realidad.
Así que, en cada ocasión en que escuchaba contar la portentosa hazaña de Noé —y fueron muchas veces en aquellas clases escolares y en aquellas sesiones de doctrina eclesiástica—, me imaginaba una enorme arca —ya digo, parecida a un cofre—, como las que contenían la ropa de los ajuares en muchas casas de entonces, flotando a la deriva en el agua caída durante los «cuarenta días y cuarenta noches» que, según la Biblia, duró el famoso diluvio.
Como he dicho, en mi casa había un cofre, un arcón que contenía ropa de cama (sábanas, mantas, cobertores…), junto a prendas de vestir de los distintos miembros de la familia: En general, se guardaba en su interior, sobre todo, la ropa que no se utilizaba en cada temporada, ya que en invierno se almacenaba la de verano, y en verano, la de invierno.
Y mezclados con los recuerdos del cofre, me vienen también los de la función tan importante desempeñada, en los años a los que me refiero, por aquellas muy olorosas bolas de alcanfor tan vendidas en la tienda de mi padre, casi redondas, como canicas blancas, que mi madre utilizaba colocándolas entre la ropa del cofre para protegerla de la dañina acción de las polillas.
viernes, 23 de octubre de 2026
TRÍADA HISTORICISTA
Ha habido y hay muchos otros, y cada vez más, más modernos, más al tanto de las últimas corrientes interpretativas…, pero los tres que nombro a continuación han sido, y son —ahora con más motivos, quizás por añoranza— mis favoritos: Gustav Leonhardt, Nikolaus Harnoncourt y Frans Brüggen.
Los tres fueron pioneros, los tres fueron —con algunos otros— padres de la interpretación historicista de la música; y los tres, aunque no hace tanto de ello, han muerto ya, y, en su momento, en el de su muerte, a cada uno de los tres le hice mi particular homenaje.
viernes, 16 de octubre de 2026
SIN MOVIOLA
Lo veo escrito en una de mis libretas, pero, como me viene pasando con algunos otros apuntes, sobre todo con los tomados hace ya mucho tiempo, no sé de dónde ha salido, no recuerdo la fuente de la que lo obtuve en su momento: «No hay moviola en la vida» tengo escrito que dijo Fernando Savater, ya digo que no sé cuándo ni dónde.
Y, a la reflexión del filósofo, yo añado mentalmente que, aunque la hubiere, de poco nos serviría a la mayoría, y lo hago al tiempo que me acuerdo del dicho que mantiene que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
viernes, 9 de octubre de 2026
EL BIEN Y EL MAL
Epitafio. No sé de dónde lo obtuve en su momento; lo tengo apuntado en una de mis libretas:
Aquí yace un hombre que hizo bien y que hizo mal. El mal lo hizo muy bien y el bien lo hizo muy mal. Él descansa en paz y nosotros también.
Lo mejor: el final.
viernes, 2 de octubre de 2026
VERGONZOSAMENTE
Si se piensa detenidamente, es muy difícil no estar de acuerdo con el contenido de unas palabras que Marguerite Yourcenar pone en boca del emperador Adriano:
Parte de nuestros males proviene de que hay demasiados hombres vergonzosamente ricos o desesperadamente pobres.
Yourcenar, Marguerite: Memorias de Adriano, traducción de Julio Cortázar. Barcelona: Ediciones Orbis, 1988, pág. 100.
Y ello más aún si tenemos en cuenta que el número de los «desesperadamente» pobres es infinitamente mayor —siempre lo ha sido—que el de los «vergonzosamente ricos».
viernes, 25 de septiembre de 2026
SOLEDAD ATAREADA
Leo que Voltaire consideraba que «la más feliz de todas las vidas» es «una soledad atareada» (estos entrecomillados los tomo de una columna de la escritora Leila Guerriero publicada hace poco en El País (05-09-2026).
Por las ventanas de mi estudio contemplaba ese paisaje gris y anodino, pero había un gusto por el cobijo, por el encierro, por aquello que Voltaire llamaba “la más feliz de todas las vidas”, que es, según él, “una soledad atareada”.
Y pronto… pienso: «¡Hay que ver cómo me identifico con esta idea!; sí, ¡hay que ver —continúo con el mismo sonsonete y en la misma tonalidad— cómo tan pocas palabras, realmente solo un par, me pueden decir tanto!»:
¡una soledad atareada!