SECCIONES

viernes, 20 de marzo de 2026

Comas

—¿Has visto lo que viene hoy en El País?

—No, ¿qué viene?

—Mira lo que dice uno de sus titulares: «La novela sobre el aborto clandestino de la Nobel Annie Ernaux se hace teatro en España».

—Pues no sabía yo que Annie Ernaux había abortado clandestinamente.

—Es que no lo ha hecho, eso no ha ocurrido.

—¿Entonces?

—A ver…, a mí me parece que en la redacción de este titular falta alguna que otra coma que, bien colocada, aclare el significado del texto.

—¡Ah, bueno!

— También podría mejorarlo el cambio de orden de algunas palabras o…

—¡No sigas!

—¿?

—Es que… te conozco.

 

viernes, 13 de marzo de 2026

Perseguir sueños

Frase recogida (no recuerdo cuándo ni dónde) como de García Márquez:

No es cierto que la gente deje de perseguir sus sueños porque envejece, más bien envejece porque deja de perseguir sus sueños.

¡Qué bien queda!

Sin embargo…, no sé, a mí no me termina de convencer; me parece pobre, edulcorada…: me suena a autoayuda, a filosofía barata, sobre todo ahora que envejezco como mejor puedo, no como quiero, y que procuro continuar aspirando aún —cada vez menos, es obvio— a algunas metas que considero todavía a mi alcance.

No sé por qué, pero se me ocurre —tiene toda la pinta— que esta frase atribuida a García Márquez —y no es que quiera negar su autoría— bien pudiera ser un dicho popular del país del escritor, Colombia, o de algún otro lugar de su entorno; ya se sabe… refranes, máximas, sentencias… que les vienen de perillas a gentes con bocas desdentadas o dentalmente débiles.

 

viernes, 6 de marzo de 2026

El parto de los montes

«¡Y la montaña… parió un ratón!». Es lo que, proveniente de una fábula —en realidad… de más de una—, me viene a las mientes ante las primeras noticias que tratan de la publicación —tras días anunciando el acontecimiento a bombo y platillos— de los documentos que, referentes al 23 F, han permanecido «protegidos» hasta ahora.

La fábula, muy breve, relata cómo los montes dan terribles signos de estar a punto de dar a luz, infundiendo pánico a quienes los escuchan. Sin embargo, después de señales tan asombrosas, los montes paren un pequeño ratón. La fábula, y la expresión "el parto de los montes", se refieren por lo tanto a aquellos acontecimientos que se anuncian como algo mucho más grande o importante de lo que realmente terminan siendo. (Wikipedia, 27-02-2026).

La moraleja que se suele extraer de esta historia (que me recuerda, a su vez, el dicho popular «mucho ruido y pocas nueces») se refiere a hechos que se anuncian con gran rimbombancia como grandes acontecimientos, sí, como algo mucho más grande o importante de lo que acaba siendo.

Traigo aquí la versión de Félix María Samaniego, de la que excluyo los últimos versos, los de la moraleja, por no venir a cuento ahora, ya que en ellos el gran fabulista se refiere en concreto a los escritores de «estilo fanfarrón y campanudo».

EL PARTO DE LOS MONTES

Con varios ademanes horrorosos

Los montes de parir dieron señales:

Consintieron los hombres temerosos

Ver nacer los abortos más fatales.

Después que con bramidos espantosos

Infundieron pavor a los mortales,

Estos montes, que al mundo estremecieron,

Un ratoncillo fue lo que parieron.

[…]

Samaniego, Félix María: Fábulas.

Edición de Ernesto Jareño.

Madrid, Castalia, 1975, pág. 91.