SECCIONES

viernes, 14 de agosto de 2026

VERANEO CON FORGES

Hace ya muchos años que soy lector de El País, concretamente desde su fundación, salvo algún período de desencanto, de descontento y abandono temporal por mi parte. Y ahora, que quiero escribir unas letras sobre Forges, uno de sus más grandes colaboradores, me viene al recuerdo que siempre, desde el principio, cuando leía dicho medio en papel, he disfrutado, si bien no igual en cada caso, de todos sus colaboradores humoristas, de cada uno en su momento.

Sí, disfruté de las pequeñas viñetas —pequeñas solo de tamaño— de Romeu y también de las de Máximo; igualmente seguí con interés cuando publicaron sus trabajos en El País —después los he buscado en internet—, a Erlich y a Maitena; y actualmente, además de los dibujos de Peridisreconozco que poco visitados—, el disfrute máximo me lo proporcionan las entregas diarias de otro de los grandes de la viñeta, el incomparable —por magnífico, por singular, por genio...— Joaquín Rábago, ‘El Roto’.

Junto a algunas de las de todos los nombrados en el párrafo anterior, aparecen en mi recuerdo y muchas de ellas en mis archivos —y estas son las que me interesan ahora sobre todo—, las viñetas del divertidísimo Antonio Fraguas, «el ‘Forges’», que así nos referíamos al mismo sus admiradores, con el artículo antepuesto al nombre (por cierto, una ingeniosa invención del  humorista obtenida de su primer apellido: «Fraguas»), quizás el viñetista del que, como he leído por ahí, más fácilmente se reconocen a primera vista sus peculiares dibujos, un muy gracioso y peculiar genio del humor al que un servidor seguía a diario cuasi religiosamente, con entusiasmo.

Hubo un tiempo (hace ya bastantes años, cuando compraba El País en papel: ahora estoy suscrito a su edición digital) en el que, al abrir el periódico para su lectura, lo primero que buscaba y miraba era la viñeta de Forges, que aparecía en la misma página que el editorial del prestigioso medio. Y ahora, después de su muerte en 2018, echo mucho de menos sus ocurrencias, sus personajes, su vocabulario tan personal..., todo plasmado en sus inconfundibles viñetas, con su sensacional sentido del humor, con su maravillosa creatividad, por cierto... muy crítica con los mandamases de la sociedad, con los de verdad, que aparecen en ellas muy bien retratados.

De todos los viñetistas nombrados en los párrafos anteriores, así como de algunos otros, colaboradores de otros medios de información, he ido guardando con el tiempo y lo sigo haciendo todavía (primero lo hice en papel —previamente recortadas— y después y ahora en formato digital), las viñetas que en cada momento me han gustado, hasta el punto de que, con el tiempo, he logrado reunir una buena selección —numerosa y de calidad— de las mismas, a la que echo un vistazo de vez en cuando —ventajas del ordenador—, y así refresco mi memoria al tiempo que disfruto revisitándolas.

Como estamos en agosto, en días de mucho calor, he decidido que sería buena idea, pensando en su publicación aquí en Abonico, seleccionar unas cuantas viñetas de Forges que nos ilustren sobre su satírica visión del veraneo playero, con la que me identifico, y añadirlas al final de este texto; así, quien visite el blog tendrá la opción de detenerse en cada dibujo el tiempo que estime conveniente, a la vez que podrá ampliar cualquier imagen para mejorar la apreciación de algún detalle en particular.

Y ya está. Me pongo manos a la obra y lo llevo a cabo. Espero que quien hasta aquí se acerque disfrute con este trabajo tanto como lo he hecho yo elaborándolo.

ESTAMPAS VERANIEGAS

  

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 7 de agosto de 2026

EL REMOLINO

He leído hace poco la última novela de Fernando Aramburu, Maite, en la que me parece muy llamativo (por ingenioso, y me identifico con la idea) el símil establecido por uno de sus personajes entre la velocidad con la que sentimos que transcurren nuestras vidas, en según qué tramos de la mismas, y la idem que creemos apreciar en el desalojo del agua contenida en una bañera cuando le quitamos el tapón y dejamos que se vaya por el agujero del desagüe.

Maite, el personaje que protagoniza la novela, en uno de los pasajes de la misma, está hablando con Manoli, su madre, una mujer ya mayor que le dice:

—Qué bonita mañana se ha puesto, ¿no crees?: Hija, lo que yo daría por tener tus años. Practica la gimnasia, aliméntate bien, vigila el peso, haz todo lo posible por llegar lo menos cascada a mi edad. Pensarás: todavía me falta mucho. No te confíes. ¡Si supieras lo rápido que pasa la vida! Imagina que retiras el tapón a una bañera llena. Al comienzo hay tanta agua que da la impresión de que tardará mucho en marcharse del todo. Pero poco a poco el nivel va bajando. Cuando por fin se forma el remolino por encima del desagüe, ya no hay nada que hacer. Yo intento no sentir dentro de mí el maldito remolino.

Aramburu, Fernando: Maite. Barcelona: Tusquets, 2026, pág. 195.

En resumen, Manoli da unos buenos consejos a su hija: que haga gimnasia, que se alimente bien, que cuide el peso y que procure no llegar cascada a la vejez, unos consejos a los que añade la idea de la fugacidad de la vida, de la velocidad con la que transcurre, comparándola con el desagüe de una bañera, que, ciertamente, nos ofrece una visión muy gráfica del paso del tiempo, del que yo, con la situación en que me encuentro (edad, salud, ánimo…), me quedo con la imagen del tramo final, el del remolino.