SECCIONES

viernes, 2 de octubre de 2026

VERGONZOSAMENTE

Si se piensa detenidamente, es muy difícil no estar de acuerdo con el contenido de unas palabras que Marguerite Yourcenar pone en boca del emperador Adriano:

Parte de nuestros males proviene de que hay demasiados hombres vergonzosamente ricos o desesperadamente pobres.

Yourcenar, Marguerite: Memorias de Adriano, traducción de Julio Cortázar. Barcelona: Ediciones Orbis, 1988, pág. 100.

Y ello más aún si tenemos en cuenta que el número de los «desesperadamente» pobres es infinitamente mayor —siempre lo ha sido—que el de los «vergonzosamente ricos».

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

SOLEDAD ATAREADA

Leo que Voltaire consideraba que «la más feliz de todas las vidas» es «una soledad atareada» (estos entrecomillados los tomo de la columna de la escritora Leila Guerriero publicada hace poco en El País (05-09-2026).

Por las ventanas de mi estudio contemplaba ese paisaje gris y anodino, pero había un gusto por el cobijo, por el encierro, por aquello que Voltaire llamaba “la más feliz de todas las vidas”, que es, según él, “una soledad atareada”.

Y pronto… pienso: «¡Hay que ver cómo me identifico con esta idea!; sí, ¡hay que ver —continúo con el mismo sonsonete y en la misma tonalidad— cómo tan pocas palabras, realmente solo un par, me pueden decir tanto!»:

¡una soledad atareada!

 

viernes, 18 de septiembre de 2026

50º ANIVERSARIO

Para Toñi, por más de 50 años.

Toñi y yo nos conocimos en Granada, en un viaje de estudios al que ninguno de los dos habíamos ido por derecho propio (ni ella ni yo estábamos allí porque originalmente nos correspondiera). Yo me había unido al curso de estudiantes de magisterio que lo había organizado (un grupo del plan de estudios que siguió al mío ya en extinción) porque tenía amigos en él. Y ella había ido en sustitución de su hermana, que, esta sí, estudiaba magisterio en dicho curso, pero —no recuerdo por qué— no había podido ir al viaje.

Y nos encontramos allí debido al puro azar, nada de intervención divina ni de que se conjuntaran los astros de forma favorable (Da bienes Fortuna / que no están escritos, dijo el poeta). Yo recuerdo, concretamente, aunque de manera poco clara, algunas imágenes de una noche de baile en el Sacromonte. Ella, para mi vergüenza y remordimiento, recuerda algo más, y, además, con algunos detalles que me ha contado no hace tanto.

Pronto vi en Toñi la figura de alguien especial: tan joven —casi cinco años menor que yo— y tan responsable, tan estudiosa, tan seria y a la vez tan llena de vida…, ilusionada con cualquier proyecto que se cruzara en su camino, rindiendo al máximo en todo y, al mismo tiempo, disfrutando de la vida… Justo lo que yo necesitaba, lo que quería: empuje, estímulo positivo para el cambio de rumbo que, tras unos años en barbecho, había decidido dar a mi vida, ánimo para el nuevo camino de estudio serio, constante, ilusionado... ¿Quién mejor que quien se tomaba tan en serio sus estudios podía haber elegido para apoyar mi decisión de continuar muy seriamente con los míos? ¿Quién más estimulante que aquella preciosa joven tan madura y tan atractiva para mis ojos?

Desde entonces, con altibajos supongo que normales, y con alguna desavenencia y discusión de poca monta y menor importancia, estamos juntos, seguimos unidos hasta hoy, llegada ya la conmemoración de aquellas fechas en su quincuagésimo aniversario.

¿Que cuál creo que ha sido el secreto que pueda explicar la permanencia de tanto tiempo juntos sin apenas contratiempos de importancia? Pues… el mismo que, poco tiempo antes de morir, resaltó el cantautor Javier Krahe en una entrevista de prensa que le hicieron, en la que le pedían que dijera… eso mismo, que cuál era el secreto que había tras tantos años de buena convivencia con su mujer.

La verdad es que yo tengo muy buena relación con mi mujer… Y el secreto, pues no sé... Bueno, hay una cosa: ni ella ni yo levantamos nunca la voz. Hablamos en voz bastante baja, y eso creo que ayuda mucho.

Ortega Lucas, Miguel Ángel: «Javier Krahe, la ironía como escudo», InfoLibre, 03-09-2015.

Desde luego, en nuestro caso, como en el de Krahe y su mujer, ni Toñi ni yo nos levantamos nunca la voz, así que mi respuesta, de hacérseme una pregunta como la que le hicieron al cantautor, sería muy parecida a la suya.

Gracias, Toñi.

viernes, 11 de septiembre de 2026

DUELO EN DRESDE

Una de las anécdotas musicales más populares que circulaban por Alemania a finales del siglo xviii era la de un desafío, un duelo, paradójicamente no celebrado, entre Johann Sebastian Bach y Louis Marchand, dos virtuosos del teclado.

Aunque no podemos verificar los detalles de esta historia, porque no está documentada en escrito testimonial alguno, sí que conocemos algunas cosas que apoyan la verosimilitud del acontecimiento; sabemos que había habido un precedente: Dresde había sido ya escenario de un anterior desafío parecido; y también sabemos que Louis Marchand viajó a Dresde en 1717. Por otra parte, el «duelo fracasado» ha sido transmitido —en el Obituario de Bach— con una coherencia tal que parece garantizar la autenticidad de la narración.

El Obituario de Bach (Necrolog) fue escrito en 1754 por su segundo hijo, Carl Philipp Emanuel Bach, y por su discípulo Johann Friedrich Agricola.

En 1717 Marchad, organista francés y famoso intérprete del clave, visitó Dresde, fue escuchado por el rey, tuvo éxito, y le fue ofrecido un puesto bien remunerado al servicio de Su Majestad.

El koncertmeister —concertino— de Dresde en la época, Jean Baptiste Volumier, que conocía los méritos y habilidades de Bach, le escribió a Weimar para que participara en un certamen por la superioridad musical contra el altanero Marchand: algo así como Alemania contra Francia.

Bach aceptó la invitación, se dice que de buena gana, y viajó a Dresde, donde fue recibido con júbilo por Volumier, quien propició que, desde un lugar oculto, su favorito pudiera escuchar tocar a Marchand. Después Bach invitó a Marchand, por medio de una cortés misiva, a un duelo musical y el francés aceptó la invitación. Entonces, con el conocimiento del rey, se acordaron la hora y el lugar.

Bach se presentó a la hora prevista en el lugar elegido para el certamen, la casa de un ministro de la corte, Joachim Friedrich, conde de Flemming, donde, expectante, se había reunido un nutrido grupo de personas de ambos sexos, todas de alta alcurnia: la crème de la crème.

Se esperó largo rato a Marchand; y viendo que no llegaba, el anfitrión envió mensajeros a buscarlo a sus aposentos por si había olvidado su compromiso. ¡Sorpresa!: Marchand había abandonado Dresde a primera hora de la mañana, dejando como vencedor del certamen —por abandono— a Bach, que tuvo la oportunidad de demostrar en solitario su talento, asombrando a los presentes.

El Rey quiso premiar al ganador con una suma importante —500 táleros—, pero un sirviente, digamos que… un individuo de cuidado, dejó sin regalo a nuestro genio, al que solo le quedó la honra de la victoria, que no es poco, pero…

Entonces... ¿queda la duda de quién hubiera ganado el duelo? Parece claro que no, que el ganador habría sido el mismo, Bach. Al respecto, se cuenta, con intención, que, igual que Bach había escuchado ensayar a Marchand, este, quizás incitado también por el mismo Volumier, había hecho lo mismo con Bach, y que, asustado por lo que escuchó, puso pies en polvorosa. Lo cierto es que, desde la perspectiva actual, la superioridad de Bach parece clara, pues conocía bien todos los estilos de música: francesa, inglesa, italiana..., además de la propia alemana, mientras que Marchand era, aunque un virtuoso de indiscutible genio, más limitado.