SECCIONES

viernes, 17 de julio de 2026

LO QUE YO SÉ

Hoy, después de un amanecer bastante nublado (me he levantado de la cama muy temprano), observo, ya cercana la hora de la comida, que el día, tras ese mal comienzo, ha desembocado felizmente en una muy buena mañana, despejada, limpia, luminosa…, la típica de un día primaveral soleado y con una temperatura envidiable.

Me encuentro de tertulia, a la sombra, tomando una cerveza con unos amigos, sentados todos alrededor de una mesa de la terraza del bar del pueblo en el que tenemos por costumbre reunirnos semanalmente, los jueves.

Muy cerca de donde estoy, a mi derecha, sentados a otra mesa, conversan dos individuos a los que pronto califico mentalmente (una deducción extraída de lo poco que los conozco y de lo que les voy oyendo decir) como un par de ejemplares prototípicos de la variedad «machotes», dos rancios que mantienen una charla de la que, al vuelo, de vez en cuando, me llegan al oído algunas briznas.

—A esa lo que le hace falta es lo que yo sé —oigo que dice uno de ellos, dando, supongo que sin pretender que yo lo escuche, un buen toque a mi atención.

—¿Y qué es lo que tú sabes? —pregunta respondiendo el otro con sorna y cierto aire de descreimiento.

—¡Ah!

Muy interesado en el asunto (estimulado por la morbosidad que a mi parecer desprende la conversación de los ocupantes de la mesa de al lado), me doy prisa en afinar la orientación de mis parabólicas auditivas en la dirección adecuada, pero… resulta en vano, pues me quedo sin enterarme de quién es «esa» de la que se habla, y también de lo que el machote sabe —deduzco que con total seguridad, con más que absoluta certeza— que le hace falta a la misma.

Y a continuación, ya metido en harina, enmimismado, dejo volar mi pensamiento, y se me ocurre añadir que el individuo en cuestión también sabe, además de lo que necesita «esa» a la que acaba de referirse, digo que también sabe, no tengo la más mínima duda, cómo proporcionárselo; intuyo —creo que con muchas probabilidades de acierto— que, de la misma forma que el fulano conoce el diagnóstico, igualmente se sabe en posesión de la receta magistral —producto, suministro, dosis…—: en fin… de la solución completa al problema de «esa» a la que le hace falta lo que él sabe.

 

viernes, 10 de julio de 2026

¿ESTÁN VERDES?

Con el tiempo que hace que la defiendo, ya no sé si es mía la idea (puedo haberla tomado prestada hace ya mucho y no acordarme ahora de dónde ni de quién) de que el tiempo —el de cada uno— es demasiado valioso como para despilfarrarlo yendo tras el dinero, como para perderlo buscando una riqueza material excesiva. 

Viene esto a cuento ahora que, leyendo, pienso que, a lo largo de los tiempos, algunos de los «listos» de turno han preguntado a algunos de los sabios del mismo turno, con retintín, con recochineo, que, cómo siendo tan inteligentes y sabiendo tanto, se encuentran tan poco sobrados de medios económicos.

Al respecto, cuenta Montaigne en uno de sus Ensayos que ya se lo preguntaron al presocrático Tales de Mileto (que, por cierto, criticaba el destinar demasiado esfuerzo al enriquecimiento económico), supongo que acusándolo de que como él no lo había podido conseguir, se excusaba diciendo, como la zorra de la fábula, que las uvas estaban verdes.

Y el milesio, queriendo demostrar lo equivocados que estaban, 

y poniendo por una vez su saber al servicio del beneficio y de las ganancias, organizó un comercio que produjo más riquezas en un año de las que en toda una vida podrían producir los más experimentados en aquel oficio.

Montaigne, Michel de: «Del magisterio», Ensayos. Madrid: Cátedra I, 1985, pág. 186.

 

viernes, 3 de julio de 2026

FOCCA

¡Hay que ver cómo está apretando el calor! Dicen los meteorólogos que se trata de la primera ola de este año. Así que, procurando evitar los dañinos rayos solares, esta mañana he salido a una hora prudente para dar un pequeño paseo y, de paso, recoger el pan.

Ya casi llegando a La Colegiala, me encuentro, en la Plaza de la salud, con Blas y Chari, que, por lo visto, están dando un paseo con el menor de sus nietos, al que llevan en un carricoche.

—¿Cómo estás? —me pregunta Blas cuando me acerco.

—Bien…, aunque algo fatigado por haber subido esa cuesta —le digo mientras me giro y señalo el pequeño desnivel al que acabo de malcalificar de «cuesta», uno insignificante que hay junto a la «farmacia del Isidro».

—Eso es la focca que hace —me dice.

—Es el corazón —le contesto, queriendo recordarle con ello el mal estado actual de mi insuficiencia cardiaca.

—No —insiste él—, es la focca, que no te deja hacer nada. Yo, estos días, me pongo ante el ordenador y… acabo dejándolo: no puedo.

*

Así, «focca», es cómo articulamos los murcianos, muchos murcianos, el vocablo «fosca» (no sé si en algún otro lugar se pronunciará de manera parecida, pienso mientras me viene a la mente Andalucía), un término del que, hasta no hace mucho, estaba convencido de que se utiliza para indicar el calor agobiante, con el consecuente sofoco, que producen las altas temperaturas propias de los tórridos días de la canícula. Y he dicho «hasta no hace mucho» porque… eso, no hace mucho que, interesado por dicho término, lo busqué en algunas obras de consulta —tanto en papel como digitales— y la respuesta obtenida me aconsejó —eso me pareció— poner en cuarentena lo que hasta ese momento entendía como «fosca».

Por ejemplo, en el diccionario de la Real Academia Española, lo más cercano a lo que entiendo como fosca podría ser la tercera acepción que del término aparece en él, aunque no me convence, pues no es lo que ando buscando, lo que quiero.

fosco, ca

Del lat. fuscus 'oscuro'.

3. f. Oscuridad de la atmósfera.

Así que comienzo a pensar que la palabra «fosca» es murciana, por lo que consulto algunos diccionarios de las hablas de la región y pronto obtengo la ayuda que necesito, la confirmación de su denominación de origen, de su murcianía.

En efecto, en Vocabulario de las Hablas Murcianas, de Diego Ruiz Marín (Murcia, Diego Marín, 2007) encuentro una definición acorde, aunque no del todo, con lo que busco.

fosca. f. murc. 2. Atmósfera cargada en tiempo de verano.

Y, en la misma página de la misma obra, solo unos pocos centímetros más abajo, aparece «foscazo», un aumentativo de «fosca» que me parece un acierto total.

foscazo. m. calor grande.

*

Reflexión. A mis oídos les parece onomatopéyica, les suena como tal, la palabra «fosca», sobre todo si se articula como lo hacemos los murcianos —fohca, o, mejor aún, focca. Y para que se entienda mejor lo que quiero decir, creo conveniente ponerse en situación (estoy pensando ahora en quienes no son murcianos); para ello, inténtese pronunciar el vocablo «fosca» a nuestra manera —fohca o focca— en plena canícula y se podrá comprobar lo acertado de este parecer.