SECCIONES

viernes, 30 de octubre de 2026

ARCAS Y COFRES

De niño, nunca me pareció un arca lo que, para enfrentarse al diluvio universal, salvando a su familia y preservando la vida animal en el planeta Tierra, construyó Noé cumpliendo un encargo divino; y ello porque en la casa de mi infancia había una, en realidad era un cofre —así lo llamábamos—, y, por más que lo miraba, dudaba de que, por muy grande que fuera, aquel mueble, o uno parecido, llegado el caso, pudiese flotar en el agua conteniendo en su interior un peso considerable; y mucho menos cabía en mi imaginación que, aun fabricado en un tamaño muy grande, ni siquiera en uno gigantesco, pudiera ser utilizado con éxito como nave para la disparatada acción titánica de salvamento que cuenta el relato bíblico del diluvio universal, un verdadero dislate en realidad.

Así que, en cada ocasión en que escuchaba contar la portentosa hazaña de Noé —y fueron muchas veces en aquellas clases escolares y en aquellas sesiones de doctrina eclesiástica—, me imaginaba una enorme arca —ya digo, parecida a un cofre—, como las que contenían la ropa de los ajuares en muchas casas de entonces, flotando a la deriva en el agua caída durante los «cuarenta días y cuarenta noches» que, según la Biblia, duró el famoso diluvio.

Como he dicho, en mi casa había un cofre, un arcón que contenía ropa de cama (sábanas, mantas, cobertores…), junto a prendas de vestir de los distintos miembros de la familia: En general, se guardaba en su interior, sobre todo, la ropa que no se utilizaba en cada temporada, ya que en invierno se almacenaba la de verano, y en verano, la de invierno.

Y mezclados con los recuerdos del cofre, me vienen también los de la función tan importante desempeñada, en los años a los que me refiero, por aquellas muy olorosas bolas de alcanfor tan vendidas en la tienda de mi padre, casi redondas, como canicas blancas, que mi madre utilizaba colocándolas entre la ropa del cofre para protegerla de la dañina acción de las polillas.

 

viernes, 23 de octubre de 2026

TRÍADA HISTORICISTA

Ha habido y hay muchos otros, y cada vez más, más modernos, más al tanto de las últimas corrientes interpretativas…, pero los tres que nombro a continuación han sido, y son —ahora con más motivos, quizás por añoranza— mis favoritos: Gustav Leonhardt, Nikolaus Harnoncourt y Frans Brüggen. 

Los tres fueron pioneros, los tres fueron —con algunos otros— padres de la interpretación historicista de la música; y los tres, aunque no hace tanto de ello, han muerto ya, y, en su momento, en el de su muerte, a cada uno de los tres le hice mi particular homenaje.


viernes, 16 de octubre de 2026

SIN MOVIOLA

Lo veo escrito en una de mis libretas, pero, como me viene pasando con algunos otros apuntes, sobre todo con los tomados hace ya mucho tiempo, no sé de dónde ha salido, no recuerdo la fuente de la que lo obtuve en su momento: «No hay moviola en la vida» tengo escrito que dijo Fernando Savater, ya digo que no sé cuándo ni dónde.

Y, a la reflexión del filósofo, yo añado mentalmente que, aunque la hubiere, de poco nos serviría a la mayoría, y lo hago al tiempo que me acuerdo del dicho que mantiene que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

 

viernes, 9 de octubre de 2026

EL BIEN Y EL MAL

Epitafio. No sé de dónde lo obtuve en su momento; lo tengo apuntado en una de mis libretas:

Aquí yace un hombre que hizo bien y que hizo mal. El mal lo hizo muy bien y el bien lo hizo muy mal. Él descansa en paz y nosotros también.

Lo mejor: el final.

 

viernes, 2 de octubre de 2026

VERGONZOSAMENTE

Si se piensa detenidamente, es muy difícil no estar de acuerdo con el contenido de unas palabras que Marguerite Yourcenar pone en boca del emperador Adriano:

Parte de nuestros males proviene de que hay demasiados hombres vergonzosamente ricos o desesperadamente pobres.

Yourcenar, Marguerite: Memorias de Adriano, traducción de Julio Cortázar. Barcelona: Ediciones Orbis, 1988, pág. 100.

Y ello más aún si tenemos en cuenta que el número de los «desesperadamente» pobres es infinitamente mayor —siempre lo ha sido—que el de los «vergonzosamente ricos».

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

SOLEDAD ATAREADA

Leo que Voltaire consideraba que «la más feliz de todas las vidas» es «una soledad atareada» (estos entrecomillados los tomo de una columna de la escritora Leila Guerriero publicada hace poco en El País (05-09-2026).

Por las ventanas de mi estudio contemplaba ese paisaje gris y anodino, pero había un gusto por el cobijo, por el encierro, por aquello que Voltaire llamaba “la más feliz de todas las vidas”, que es, según él, “una soledad atareada”.

Y pronto… pienso: «¡Hay que ver cómo me identifico con esta idea!; sí, ¡hay que ver —continúo con el mismo sonsonete y en la misma tonalidad— cómo tan pocas palabras, realmente solo un par, me pueden decir tanto!»:

¡una soledad atareada!

 

viernes, 18 de septiembre de 2026

50º ANIVERSARIO

Para Toñi, por más de 50 años.

Toñi y yo nos conocimos en Granada, en un viaje de estudios al que ninguno de los dos habíamos ido por derecho propio (ni ella ni yo estábamos allí porque originalmente nos correspondiera). Yo me había unido al curso de estudiantes de magisterio que lo había organizado (un grupo del plan de estudios que siguió al mío ya en extinción) porque tenía amigos en él. Y ella había ido en sustitución de su hermana, que, esta sí, estudiaba magisterio en dicho curso, pero —no recuerdo por qué— no había podido ir al viaje.

Y nos encontramos allí debido al puro azar, nada de intervención divina ni de que se conjuntaran los astros de forma favorable (Da bienes Fortuna / que no están escritos, dijo el poeta). Yo recuerdo, concretamente, aunque de manera poco clara, algunas imágenes de una noche de baile en el Sacromonte. Ella, para mi vergüenza y remordimiento, recuerda algo más, y, además, con algunos detalles que me ha contado no hace tanto.

Pronto vi en Toñi la figura de alguien especial: tan joven —casi cinco años menor que yo— y tan responsable, tan estudiosa, tan seria y a la vez tan llena de vida…, ilusionada con cualquier proyecto que se cruzara en su camino, rindiendo al máximo en todo y, al mismo tiempo, disfrutando de la vida… Justo lo que yo necesitaba, lo que quería: empuje, estímulo positivo para el cambio de rumbo que, tras unos años en barbecho, había decidido dar a mi vida, ánimo para el nuevo camino de estudio serio, constante, ilusionado... ¿Quién mejor que quien se tomaba tan en serio sus estudios podía haber elegido para apoyar mi decisión de continuar muy seriamente con los míos? ¿Quién más estimulante que aquella preciosa joven tan madura y tan atractiva para mis ojos?

Desde entonces, con altibajos supongo que normales, y con alguna desavenencia y discusión de poca monta y menor importancia, estamos juntos, seguimos unidos hasta hoy, llegada ya la conmemoración de aquellas fechas en su quincuagésimo aniversario.

¿Que cuál creo que ha sido el secreto que pueda explicar la permanencia de tanto tiempo juntos sin apenas contratiempos de importancia? Pues… el mismo que, poco tiempo antes de morir, resaltó el cantautor Javier Krahe en una entrevista de prensa que le hicieron, en la que le pedían que dijera… eso mismo, que cuál era el secreto que había tras tantos años de buena convivencia con su mujer.

La verdad es que yo tengo muy buena relación con mi mujer… Y el secreto, pues no sé... Bueno, hay una cosa: ni ella ni yo levantamos nunca la voz. Hablamos en voz bastante baja, y eso creo que ayuda mucho.

Ortega Lucas, Miguel Ángel: «Javier Krahe, la ironía como escudo», InfoLibre, 03-09-2015.

Desde luego, en nuestro caso, como en el de Krahe y su mujer, ni Toñi ni yo nos levantamos nunca la voz, así que mi respuesta, de hacérseme una pregunta como la que le hicieron al cantautor, sería muy parecida a la suya.

Gracias, Toñi.