SECCIONES

viernes, 3 de julio de 2026

FOCCA

¡Hay que ver cómo está apretando el calor! Dicen los meteorólogos que se trata de la primera ola de este año. Así que, procurando evitar los dañinos rayos solares, esta mañana he salido a una hora prudente para dar un pequeño paseo y, de paso, recoger el pan.

Ya casi llegando a La Colegiala, me encuentro, en la Plaza de la salud, con Blas y Chari, que, por lo visto, están dando un paseo con el menor de sus nietos, al que llevan en un carricoche.

—¿Cómo estás? —me pregunta Blas cuando me acerco.

—Bien…, aunque algo fatigado por haber subido esa cuesta —le digo mientras me giro y señalo el pequeño desnivel al que acabo de malcalificar de «cuesta», uno insignificante que hay junto a la «farmacia del Isidro».

—Eso es la focca que hace —me dice.

—Es el corazón —le contesto, queriendo recordarle con ello el mal estado actual de mi insuficiencia cardiaca.

—No —insiste él—, es la focca, que no te deja hacer nada. Yo, estos días, me pongo ante el ordenador y… acabo dejándolo: no puedo.

*

Así, «focca», es cómo articulamos los murcianos, muchos murcianos, el vocablo «fosca» (no sé si en algún otro lugar se pronunciará de manera parecida, pienso mientras me viene a la mente Andalucía), un término del que, hasta no hace mucho, estaba convencido de que se utiliza para indicar el calor agobiante, con el consecuente sofoco, que producen las altas temperaturas propias de los tórridos días de la canícula. Y he dicho «hasta no hace mucho» porque… eso, no hace mucho que, interesado por dicho término, lo busqué en algunas obras de consulta —tanto en papel como digitales— y la respuesta obtenida me aconsejó —eso me pareció— poner en cuarentena lo que hasta ese momento entendía como «fosca».

Por ejemplo, en el diccionario de la Real Academia Española, lo más cercano a lo que entiendo como fosca podría ser la tercera acepción que del término aparece en él, aunque no me convence, pues no es lo que ando buscando, lo que quiero.

fosco, ca

Del lat. fuscus 'oscuro'.

3. f. Oscuridad de la atmósfera.

Así que comienzo a pensar que la palabra «fosca» es murciana, por lo que consulto algunos diccionarios de las hablas de la región y pronto obtengo la ayuda que necesito, la confirmación de su denominación de origen, de su murcianía.

En efecto, en Vocabulario de las Hablas Murcianas, de Diego Ruiz Marín (Murcia, Diego Marín, 2007) encuentro una definición acorde, aunque no del todo, con lo que busco.

fosca. f. murc. 2. Atmósfera cargada en tiempo de verano.

Y, en la misma página de la misma obra, solo unos pocos centímetros más abajo, aparece «foscazo», un aumentativo de «fosca» que me parece un acierto total.

foscazo. m. calor grande.

*

Reflexión. A mis oídos les parece onomatopéyica, les suena como tal, la palabra «fosca», sobre todo si se articula como lo hacemos los murcianos —fohca, o, mejor aún, focca. Y para que se entienda mejor lo que quiero decir, creo conveniente ponerse en situación (estoy pensando ahora en quienes no son murcianos); para ello, inténtese pronunciar el vocablo «fosca» a nuestra manera —fohca o focca— en plena canícula y se podrá comprobar lo acertado de este parecer.

 

viernes, 26 de junio de 2026

EL MENTENÁN

El Mentenán era unos años mayor que yo, y me vino a la memoria su imagen —y pronto tomé nota de ello— cuando, hace ya un tiempo, escuché en la radio a Ana Belén hablar muy elogiosamente de Gilbert Becaud («De pe a pa», RNE, 15-12-2021), que era quien por aquellos mis años jóvenes cantaba Et maintenant, una famosa canción que, aunque no sabíamos bien lo que decía (algunos habíamos estudiado, de aquella manera, francés a lo largo del bachillerato, pero resultaba insuficiente), cumplía su función a las mil maravillas cuando llegaba la parte de bailes lentos en los guateques que tanto nos gustaban a los adolescentes de la segunda mitad de los años sesenta del siglo pasado.

Entre aquellos adolescentes, aunque tirando ya a joven veinteañero, estaba él, «el Mentenán», a quien así llamábamos debido a su especial inclinación por esta canción de Becaud, del título de la cual —Et maintenant—, otro integrante del grupo, Doble A (A.A.: el responsable de una mayoría de los apodos de la gente de medio pueblo) obtuvo el mote de nuestro protagonista.

Y es que al Mentenán le gustaba especialmente esta canción por sus características, sobre todo por su lento tempo musical tan adecuado para el baile agarrao que tanto favorecía las probabilidades del arrime, el roce y el acaramelamiento.

Por cierto, también recuerdo de él que, en ocasiones como esta del baile (igualmente cuando iba al cine con la novia y, al amparo de la oscuridad, la situación les era propicia), se ponía un bañador de licra bien ajustado, con el fin de evitar que el asunto se desmadrara y que se le notara demasiado la excitación durante su casi continuo estado de ídem mientras bailaba muy, pero que muy melosamente bajo el efecto de la cálida voz del Gilbert Becaud cantando Et maintenant

 

viernes, 19 de junio de 2026

CURIOSO, ¿NO?

Titular de prensa leído hace nueve días:

Ruiqi Jinzhang [de ascendencia china], mejor nota de la PAU en Murcia: "Los últimos días no salía de mi habitación".

García, Ana. 10-06-2026, La Opinión de Murcia.

Titular leído cuatro días después:

Una hija de migrantes chinos logra la mejor nota en la PAU de la Castilla y León de la "prioridad nacional"

García Cansado, Cristina, 14-06-2026, InfoLibre.

«Como mínimo —me digo—, curioso, ¿no?» Aunque acabo decantándome por interpretarlo como un revés, un zasca propinado por la tozuda realidad de la vida a las más que retrógradas ideas —políticas, sociales, económicas, culturales— de la ultraderecha, concretamente en este caso a las englobadas bajo la expresión «prioridad nacional», que a mí me gusta denominar como «las de primero… yo, después… yo, y luego, por fin… también yo».

Recordatorio, sobre todo para gente incrédula y/u olvidadiza. Las dos protagonistas de esta historia (prodigiosas ambas para mí, pues han conseguido sacar las mejores notas en las pruebas de selectividad universitaria de sus respectivas comunidades autónomas) son hijas de inmigrantes.

Añadidura. Se las puede equiparar (sobradamente, creo, y esto se me ocurre pensando en los furboleros, para que los mismos se puedan hacer una idea aproximada de la hazaña de las chicas) a los jugadores de la selección española Lamine Yamal y Nico Williams.

 

viernes, 12 de junio de 2026

CADENA DE MONTAJE

Murcia, 02-06-2026, Diez de la mañana. Hospital Reina Sofía. Consulta de Oftalmología. He sido citado, por teléfono, para limpiarme una de las lentes —la del ojo izquierdo— que me colocaron cuando, hará ahora cosa de un par de años, fui operado de cataratas.

Impresionante. Un hormiguero de personas: muchísimos pacientes que, tanto de pie en los pasillos como, más aún, sentados en diversas salas de espera, aguardan para su consulta; a su elevado número hay que sumar el de los no pocos profesionales de la especialidad que, laboriosos, se mueven incesantemente de aquí para allá y de allá para acá.

Deprimente. Sensación de estar (un objeto paciente, más que un sujeto) en una cadena de montaje, donde todo te parece automatizado, con los engranajes aceitados, bien engrasados para que no haya retrasos ni atascos en la misma —que seguro que los hay—, para que no se pare y, más bien todo lo contrario si es posible, para que pueda funcionar con la máxima rapidez. «¿Y también con la máxima eficiencia?» —te preguntas. 

Preocupante. Parece que cualquier interrogante, que cualquier duda que plantees a quienquiera que se ponga a tu alcance, a cualquier sanitario de la especialidad que entre en tu radio de acción, entorpece la necesaria agilidad de la marcha, por lo que la pregunta en cuestión es respondida, si lo es, con prisa y, muchas veces, solucionada, cuando lo es, muy por encima: te quedas con la idea, es como lo ves, de que las respuestas son rápidas, evasivas, excusándose cada persona preguntada, tratando de derivar las probables soluciones a otras instancias más altas, más cualificadas.

Resultado: estrés. 

Quizás —me digo— todo esto —mis sensaciones, mi estado de ánimo, mi actitud— se vea influenciado por la mala experiencia vivida últimamente —sufrida— en la especialidad, sobre todo... con el antecedente de la operación de cataratas y sus muy, pero que muy, mejorables resultados que mejor no recordar aquí ahora.

No tarda en venirme a la mente una escena del mundo del cine: la protagonizada por el personaje protagonista interpretado por Charles Chaplin en Tiempos modernos, precisamente el que está trabajando robóticamente al pie de una cadena de montaje, apretando a dos manos, con sendas llaves fijas y movimientos de autómata magnífica e hilarante interpretación, tuercas de tornillos que pasan continuamente ante él a una velocidad endiablada, una labor a la que le resulta imposible hacer frente al esforzado Charlot.

En esto, que leo un mensaje en la pantalla informativa que hay colocada justo frente a donde estoy sentado, un monitor al que constantemente permanezco atento esperando a que aparezca en él mi código: el aviso para ser atendido. El mensaje que leo advierte a los usuarios de lo importante que es confiar en el personal sanitario, en todos aquellos que nos atienden. Y pienso que, desde luego, que mejor que así sea, que probablemente no convenga, pues ello ayude poco, el hacerse demasiadas y determinadas preguntas que, infiero, no proporcionan tranquilidad, que no contribuyen, ni mucho menos, a esa apacible felicidad tan buscada, tan anhelada y perseguida por todos.

Pero… continúas en tus trece: te parece difícil el mantener esa confianza ciega cuando los resultados más recientes en estos asuntos de la salud son como los obtenidos en los dos últimos años.