Syrinx —Siringa en nuestra lengua—, en la antigua mitología griega, es el nombre de una ninfa de quien se enamoró
Pan, lujurioso dios o semidiós —según
fuentes—, mitad humano y mitad macho
cabrío, como los faunos romanos (cuernos, piernas con mucho vello y terminadas
en pezuñas), que vivía habitualmente en las montañas y los bosques, los cuales abandonaba
para perseguir a las ninfas y —otra vez, según fuentes— a muchachos también.
Afrodita y Pan
Pan enseña a Dafnis a
tocar la flauta
Un día, la ninfa Syrinx, huyendo
de Pan, llena de pánico —el miedo que daba Pan—, se lanzó al río Ladón, quien,
para esconderla, la convirtió en un cañaveral (según otra versión, fueron otras
ninfas las que la camuflaron).
Rubens: Pan y Syrinx
A Pan, abrazado a las cañas, le gustó
tanto el sonido que en ellas producía el viento, que cortó varias en diferentes
tamaños, las unió con cera y fabricó lo que conocemos con el nombre de siringa o flauta de Pan.
Así se entiende fácilmente que Claude Debussy utilizara precisamente el
segundo de estos nombres para una composición: Flauta de Pan (1913), que
después —por interés del editor— pasó a
llamarse Syrinx —referido a la ninfa mitológica—, el nombre con el que generalmente
se la conoce.
Se trata de una obra para flauta sola, pensada
como música incidental: debía ser interpretada fuera del escenario, mientras se
recitaba el poema dramático Psyché (en la primera escena del
acto tercero), obra del dramaturgo francés Gabriel
Mourey. El escritor había encargado la obra al músico, le había
mandado el texto sobre el que debía sonar y le había pedido, para ponerlo en
situación, que imaginara la última melodía que toca Pan antes de morir; después,
Mourey dijo de ella que era "una verdadera joya de sentimiento y
emoción contenida, tristeza, belleza plástica y discreta ternura y poesía".
Hoy, Syrinx
es una pieza fundamental en el repertorio de cualquier flautista, a quien
ofrece mucha libertad de interpretación, cosa que hace como solista sobre el escenario, como en un concierto
cualquiera.
La versión que
he elegido para la audición es la de uno de los mejores flautistas que conozco actualmente,
el solista de la Orquesta Filarmónica de Berlín, Emmanuel Pahud.
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