SECCIONES

viernes, 20 de septiembre de 2024

Hablamierda

He leído hace poco, y me ha llamado mucho la atención el nuevo vocablo descubierto (razón por la que me he puesto a escribir sobre él inmediatamente) que «hablamierda» es como llama el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez («El hablamierda en campaña», El País, 15-09-2024) a la persona que —dice el autor del artículo— «no sólo profiere falsedades, sino excrementos, lo más desechable del pensamiento, los desperdicios sin forma de la razón humana».

Como suelo hacer en casos como este, pronto busco información sobre la palabra en cuestión —«hablamierda»— en el diccionario de la Real Academia Española, pero no aparece en él, lo que tiene cierta lógica —pienso—, pues dice el articulista colombiano que dicho término pertenece al argot coloquial de su país. Así que, después, lo escribo en el buscador de Google y, entonces sí, acabo encontrándolo en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), que incluye a la RAE; en dicho diccionario figura «hablamierda» como «adj/sust. Co. Referido a persona, mentirosa. pop ^ desp.». Lo aclaro un poco para quien no esté familiarizado con las abreviaturas que aparecen en los diccionarios.

El Diccionario de americanismos dice que «hablamierda» puede ser sustantivo y también adjetivo, y que se utiliza, con carácter despectivo, en el habla popular de Colombia, para referirse a una persona mentirosa (una definición —el significado— muy tibia —pienso— si la comparamos con lo que —creo que mucho más acertado— dice Juan Gabriel Vásquez en el artículo antedicho).

Como botón de muestra de buen ejemplar de hablamierda (quizás el más apropiado en nuestro caso, pues es el protagonista del artículo de Vásquez) tenemos a Donald Trump, un representante realmente muy destacado de este tipo de personas.

Indagando sobre el vocablo «hablamierda», me sale al encuentro algún que otro término semejante, como «coprolalia», que, este sí, conozco bien, y que, si, desde un punto de vista académico, no es rigurosamente sinónimo del anterior, a mí me parece muy cercano, por lo menos por cómo me suena, por lo que me dice). La palabra «coprolalia» sí aparece en el diccionario de la RAE, aunque también —de nuevo debo decir que para mí— con un significado tibio.

coprolalia

Del lat. cient. coprolalia, este del fr. coprolalie, y este del gr. κόπρος kópros 'excremento' y -λαλία -lalía 'habla'.

1. f. Tendencia patológica a proferir obscenidades.

(Real Academia Española)

Por otro lado, en el terreno científico, en el de la medicina concretamente, la coprolalia (tal como la define el diccionario de la RAE: «tendencia patológica a proferir obscenidades») es uno de los síntomas que suelen manifestar —involuntaria e incontrolablemente— aquellas personas que padecen el trastorno neurológico conocido como ‘síndrome de Tourette’.

Pero lo que a mí me interesa hoy y aquí es que se advierta que el término «coprolalia», tomado al pie de la letra, significa hablamierda, pues, como aclara la RAE, «lalía» significa ‘habla’ y «kópros», ‘excremento’.

Y, por último, otro vocablo con el que también me he encontrado en la búsqueda de información para este artículo es «cacolalia» (realmente, otro reencuentro —también me era conocido de antes— que, como en el caso de «coprolalia», inesperadamente ha aparecido ante mí: me digo que eso es lo que tienen las búsquedas en internet, que, con suma facilidad, un término te lleva a otro, y este segundo a otro, y así…). La palabra «cacolalia» no aparece en el diccionario de la Real Academia Española, pero salta a la vista que es sinónima de «coprolalia».

Al final…, se utilice el término que se utilice, los practicantes de esta especialidad tan singular podrían ser nombrados o calificados, despectivamente  —¡claro que en el ámbito coloquial, faltaría más!—, como hablamierdas, pues excretan por sus bocas excrementos, heces, caca, porquería, estiércol…: en definitiva... mierda.

 

viernes, 13 de septiembre de 2024

Gregoriano

«¿Para qué el canto gregoriano?», se preguntaba no hace tanto Helena Resano (en InfoLibre, 25-11-2021), trasladando al título de su artículo la pregunta que le había hecho una hija suya en esa edad tan especial que es la adolescencia.

¿¡Cuántas veces habré recibido yo, sobre todo estando en clase como docente, y más aún como profesor de música, una pregunta parecida!?, una pregunta que siempre me he tomado como un menosprecio por el saber, y más específicamente como un absoluto desprecio por mi querida asignatura, a menudo considerada una maría inútil, y no solo por el alumnado.

«Maestro, ¿para qué vale la música, para qué la voy a necesitar en el futuro?», te podía preguntar algún alumno, a veces —si tenías suerte, no siempre— de manera más o menos educada.

La gente, mucha gente, creo que una gran mayoría, ignora el valor formativo que, concretamente en el ámbito pedagógico, aporta la música. Sí, se suele desconocer de la misma que, además de, como dice el refrán, amansar a las fieras, que lo hace y muy bien —función terapéutica—, aporta otros muchos y firmes valores educativos, y tanto por sí misma —por los beneficios intrínsecos de su escucha, de su estudio, de su práctica—, como cuando presta su apoyo y ayuda —si es bien utilizada— a otras disciplinas curriculares: lengua, idioma, matemáticas, ciencias sociales, ciencias de la naturaleza…, una faceta en la que, desde hace ya mucho tiempo, vengo defendiendo la idea —una máxima— de que «La letra con música entra», enunciada, a ser posible, rítmicamente, como yo lo hago:

 

viernes, 6 de septiembre de 2024

Dos tuits

El político catalán Xavier García Albiol escribió hace poco en la plataforma X un tuit en el que sobresalía la conclusión a la que había llegado mirando a un grupo de gente, «marroquíes» según él, una conclusión que, con posterioridad, ha defendido a capa y espada en distintas ocasiones y diversos medios de comunicación:

Estoy en un ferry de Balearia desde Ibiza a Barcelona. Han embarcado a unos diez hombres marroquíes - todos con una bolsa de una entidad social- de entre 25 y 40 años, todos con teléfono, casi todos con gafas de sol, aspecto saludable, alguno incluso con un cuerpo de gym y haciéndose fotos con el signo de victoria. Cuando lleguen a Barcelona se repartirán por las ciudades del entorno, entre ellas supongo que #Badalona. Lo que ocurra después, con casi toda seguridad, la mayoría ya lo sabemos. Esto acabará como Francia antes que después. Al tiempo. (García Albiol, Xavier: tuit de 19-08-2024, en X).

Leído y releído el tuit, y escuchada y vuelta a escuchar su posterior defensa argumentativa del mismo, me planteo que, con toda probabilidad, habrá gente que, segura de sí misma, estará de acuerdo con la conclusión del político, incluso habrá alguna, seguro que esta aún más segura, que crea que se queda corto en su mal augurio, y, por otro lado, también habrá gente, con tanta o más seguridad que la de la otra vertiente, a la que dicha conclusión le parecerá un disparate, gente que opinará que el tuit huele a racismo, tal y como le ha ocurrido a Gerardo Tecé, quien, con una argumentación parecida a la del «sheriff de Badalona» —así he leído que llaman algunos al catalán—, ha respondido con otro mensaje en la misma plataforma tuitera:

La tasa de delincuencia entre quienes pertenecen al PP es mucho mayor que la media de la población española. Su cultura es robar y no se quieren adaptar. Podemos llamar ladrón y delincuente a García Albiol sin miedo a que se enfade porque, según él, es una realidad que está ahí. (Tecé, Gerardo: tuit de 22-08-2024, en X).

Así que… lectoras y lectores… saquen sus propias conclusiones.