Vengo de comprar el pan ya la mañana avanzada del primer día verdaderamente caluroso de este año, aunque todavía no ha comenzado el verano. Veo, de frente, como a unos veinte
metros, una pareja joven, chico y chica; él atrapado en la pantallita de su Smartphone, y ella con aire de aburrida.
De pronto dice la chica, levantando la voz, y la mano, al tiempo que parece que
me mira:
—¡¿Ande vahh con la calohh que’hace?!
Me sorprendo,
claro, pero pronto me doy cuenta de que no es conmigo con quien quiere
comunicar, sino con alguien que viene detrás de mí en mi misma dirección y que
contesta en el mismo tono y el mismo volumen que su interlocutora:
—¡¿Que’ande voy con la calohh que’hace?! ¡¿Y
tú…, que’hacehh ahi con la calohh que’hace?!
Y sigo andando.
Unos tres
minutos después, llegando ya a mi casa, me encuentro con otra chica que abre la
puerta de un coche y, desgarradamente, les dice a los que están dentro:
—¡Se vaihh a cocehh como pollohh!
Todo esto —mini diálogo
y premonición—, en murciano-murciano, con una articulación y una entonación —la
primera he tratado de reflejarla por escrito; la segunda, imposible— dignas de
ser grabadas en audio, cosa que hago con mi voz inmediatamente en el móvil. Desde
luego, nadie como un auténtico murciano puede decir la calohh como sabe hacerlo él.
Versión académica, para lectores que puedan
necesitarla
Mini diálogo
—¿Adónde vas con
el calor que hace?
—¿Que adónde
voy con el calor que hace?, ¿y tú, qué haces ahí con el calor que hace?
Premonición
—Os vais a cocer
como pollos.