Para Toñi, por más de 50 años.
Toñi y yo nos conocimos en Granada, en un viaje de estudios al que ninguno de los dos habíamos ido por derecho propio (ni ella ni yo estábamos allí porque originalmente nos correspondiera). Yo me había unido al curso de estudiantes de magisterio que lo había organizado (un grupo del plan de estudios que siguió al mío ya en extinción) porque tenía amigos en él. Y ella había ido en sustitución de su hermana, que, esta sí, estudiaba magisterio en dicho curso, pero —no recuerdo por qué— no había podido ir al viaje.
Y nos encontramos allí debido al puro azar, nada de intervención divina ni de que se conjuntaran los astros de forma favorable (Da bienes Fortuna / que no están escritos, escribió el poeta). Yo recuerdo, concretamente, aunque de manera poco clara, algunas imágenes de una noche de baile en el Sacromonte. Ella, para mi vergüenza y remordimiento, recuerda algo más, y, además, con algunos detalles que me ha contado no hace tanto.
Pronto vi en Toñi la figura de alguien especial: tan joven —casi cinco años menor que yo— y tan responsable, tan estudiosa, tan seria y a la vez tan llena de vida…, ilusionada con cualquier proyecto que se cruzara en su camino, rindiendo al máximo en todo y, al mismo tiempo, disfrutando de la vida… Justo lo que yo necesitaba, lo que quería: empuje, estímulo positivo para el cambio de rumbo que, tras unos años en barbecho, había decidido dar a mi vida, ánimo para el nuevo camino de estudio serio, constante, ilusionado... ¿Quién mejor que quien se tomaba tan en serio sus estudios podía haber elegido para apoyar mi decisión de continuar muy seriamente con los míos? ¿Quién más estimulante que aquella preciosa joven tan madura y tan atractiva para mis ojos?
Desde entonces, con altibajos supongo que normales, y con alguna desavenencia y discusión de poca monta y menor importancia, estamos juntos, seguimos unidos hasta hoy, llegada ya la conmemoración de aquellas fechas en su quincuagésimo aniversario.
¿Que cuál creo que ha sido el secreto que pueda explicar la permanencia de tanto tiempo juntos sin apenas contratiempos de importancia? Pues… el mismo que, poco tiempo antes de morir, resaltó el cantautor Javier Krahe en una entrevista de prensa que le hicieron, en la que le pedían que dijera… eso mismo, que cuál era el secreto que había tras tantos años de buena convivencia con su mujer.
La verdad es que yo tengo muy buena relación con mi mujer… Y el secreto, pues no sé... Bueno, hay una cosa: ni ella ni yo levantamos nunca la voz. Hablamos en voz bastante baja, y eso creo que ayuda mucho.
Ortega Lucas, Miguel Ángel: «Javier Krahe, la ironía como escudo», InfoLibre, 03-09-2015.
Desde luego, en nuestro caso, como en el de Krahe y su mujer, ni Toñi ni yo nos levantamos nunca la voz, así que mi respuesta, de hacérseme una pregunta como la que le hicieron al cantautor, sería muy parecida a la suya.
Gracias, Toñi.
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