SECCIONES

viernes, 10 de enero de 2025

Presentes

Recomendado por un amigo aficionado al ajedrez, no hace tanto que leí El peón, de Paco Cerdá (Pepitas de calabaza, 2020) y me gustó mucho, no solo por su temática central, ajedrecística, que me parece un pretexto del escritor para ofrecer —y esto es lo que creo más interesante— un retrato de la sociedad de aquellos años —y no únicamente de la española—, unos tiempos en que Arturito Pomar —así lo escuché nombrar muchas veces en mi adolescencia— llegó a enfrentarse al grandísimo Bobby Fischer.

Presentes, que también me ha gustado mucho, es el título de la última obra que ha publicado Cerdá (Alfaguara, 2024), y la veo escrita en la misma línea de la anterior, utilizando un acontecimiento como centro irradiador para reflejar —de nuevo me parece lo más interesante de la obra— la sociedad en la que se desarrolla (en El Peón fue la partida de ajedrez entre Pomar y Fischer; en Presentes, el traslado a pie del féretro con los restos de José Antonio Primo de Rivera desde Alicante hasta Madrid). Y recién acabada su lectura, la sensación que me queda de la misma es la de que, aunque en general no me dice nada nuevo, nada fundamental que yo no conociera de antes, lo escrito en ella —muy bien documentado, por cierto: al final detalla sus fuentes minuciosamente— pone los puntos sobre las íes y cuenta algunos detalles interesantes de la triste España sin ventura de 1939, justamente la que quedó al acabar la guerra civil.

 

sábado, 4 de enero de 2025

Vicios

Leer y escribir han acabado convirtiéndose en actividades de primera necesidad para mí: vitales. La primera lo es desde hace mucho tiempo: diría que desde que adquirí la «capacidad de razonar como un adulto», lo que se llama «uso de razón» (algo que, a menudo pienso que lamentablemente, no sucedió a edad temprana); desde entonces no he dejado de comprar y de leer libros (sobre todo, lo primero). La segunda actividad, la de escribir, data de fechas mucho más recientes, pero también ha llegado a ser muy importante en mi vida.

Y es quizás por ello, por lo dicho en el párrafo anterior, que me llaman mucho la atención, que me gustan, y me animan —alivian mis remordimientos de comprador de libros en exceso—, las palabras que al respecto dice alguna gente (buenos lectores y buenos escritores —no tiene por qué reunir ambas facetas la misma persona— a quienes admiro en muchos casos) referidas a los libros que compran, a los que leen, a cómo los leen, si los subrayan, si les ponen algunas marcas como señales para localizar sin muchas dificultades —yo suelo utilizar lápices y pósits— determinados capítulos, epígrafes, páginas, párrafos, frases, palabras…

Esta vez le toca el turno a una reciente confesión de Antonio Muños Molina, unas palabras que inmediatamente, hoy mismo, he extraído del artículo de prensa en el que me las he encontrado:

Leer y escribir son dos vicios, más que dos inclinaciones intelectuales, así que uno compra más libros de los que leerá nunca y más cuadernos de los que le dará tiempo a llenar escribiendo. (Muñoz Molina, Antonio, El País, 04-01-2025).

Ya digo: un alivio, sobre todo lo de la compra de libros, mientras que los cuadernos, por ahora, solo amontono, ordenados y numerados, los que ya he utilizado, en los que, por cierto, todavía quedan muchas anotaciones sin aprovechar, sin llevar al ordenador.

 

martes, 24 de diciembre de 2024

¡Alegría para el Mundo!

Lo venimos haciendo ya unos cuantos años, en los que semanas antes de estas fechas navideñas, incluso meses en alguna ocasión, mis hijos y yo solemos comenzar la preparación del villancico que los componentes de la familia (casi todos sus miembros nos implicamos en la tarea de una u otra manera) ofrecemos a familiares, amigos y conocidos cuando llega Nochebuena. Y en esta ocasión… lo mismo: también nos hemos tomado nuestro tiempo; sí, porque, como este pasa volando, es importante comenzar la preparación de la obra en cuestión con la suficiente antelación (pensando, y mucho, en la participación de mis nietas, a quienes hay que facilitarles la labor, máxime si, como ha ocurrido en algunas ocasiones, las acompaña algún amigo o amiga); y tomamos tiempo de sobra porque, si nos descuidamos y no lo hacemos así, es fácil que la Nochebuena se nos eche encima y provoque que en los últimos días (incluso… en las últimas horas, como nos ha ocurrido alguna vez), tengamos que trabajar contrarreloj para que un buen resultado —decente, como mínimo— esté ultimado en su momento.

Para la Navidad del presente año hemos elegido un famoso villancico: Joy to the World!¡Alegría para el Mundo!, escrito por el pastor y compositor de himnos inglés Isaac Watts en 1719; se trata de un himno navideño interpretado generalmente con un arreglo de 1848 del compositor estadounidense Lowell Mason, que utiliza una melodía atribuida a Händel; y la letra que se suele emplear para cantarlo es una reinterpretación cristiana de un salmo bíblico. Con todo ello, este himno se ha convertido —leo en la Wikipedia— en «uno de los villancicos más populares en los países de habla inglesa».

Nosotros —la familia— queremos ofrecerlo en una versión (voz, ukelele, dos flautas de pico —soprano y alto—, dos flautas traveseras y percusión variada) endulzada con un leve toque latino, marcado por la intervención de la percusión que, como siempre, ha ideado mi hijo Jose, y que, con la solvencia acostumbrada, llevan a cabo en esta ocasión él y sus dos hijas, mis nietas (enorgullecimiento que no falte, y labor pedagógica, tampoco: hay que sembrar).

Contamos esta vez, como colaboradora especial, con la participación de Ninfa Sabater, cantante a la que ha invitado el percusionista de la familia, que conoce bien la calidad y calidez de su voz, pues ambos han compartido escenario en algunas ocasiones.

Dado que Ninfa nos pasó su interpretación de la canción en inglés (es conveniente saber que la grabación de los diversos componentes del grupo se hace por separado; posteriormente, todo se mezcla y se edita en el ordenador), le pedí a Google Translator que me tradujera un fragmento de la misma, concretamente del comienzo de la primera estrofa, para que quienes no estén familiarizados con dicha lengua puedan hacerse una idea de lo que dice. Aquí está el resultado:

¡Alegría al mundo! El Señor ha llegado;

que la tierra reciba a su Rey;

que cada corazón le prepare un lugar,

y canten el cielo y la naturaleza,

[…]

Aunque… después, he decidido —hemos decidido: la idea ha partido de mi hijo Antonio— colocar en el vídeo, junto a la cantante, la letra de las dos primeras estrofas de la canción —las que canta Ninfa—, acompañada de su traducción a nuestra lengua, para que sus versos vayan apareciendo uno tras otro en la pantalla en el momento de ser cantados.

Y… bueno… pues ya está; así que, esperando que nuestra familiar interpretación del villancico ¡Alegría para el Mundo! guste a quienes nos escuchen y vean, aprovecho la ocasión para desear a todos una FELIZ NAVIDAD y, ya «metidos en harina» —lo digo, además, por la elaboración casera de los dulces navideños—, también un BUEN AÑO NUEVO.