SECCIONES

viernes, 14 de marzo de 2025

La almazara de Vicente Medina

Me encuentro hablando, hace no mucho, con un amigo (asiduo lector de Abonico: me lo dice de vez en cuando) sobre los recuerdos que conservo de los productos de la tienda de mi padre sobre los que escribí en el blog unos meses atrás —pulpa, piñuelo y granillo—, y, estando detallándole algunas cosas del segundo de ellos, y también del lugar donde se obtenía —la almazara—, me pregunta que por qué había incluido en el artículo sobre esta última solo un fragmento y no el poema completo de Vicente Medina. Le respondo que no lo utilicé entero, entre otras razones, porque no quería que el escrito me quedara demasiado extenso, para no ahuyentar a quienes me leen, pero que eso se podía solucionar poniéndolo ahora íntegro, y añadí que, como me  parecía una buena idea, lo haría, que lo trasladaría al blog, argumentándole que me parece un texto muy adecuado para conocer —entre otras cosas, como su preciosa escritura del habla local de la época— las condiciones de pobreza en las que malvivía la gente humilde en la huerta de Murcia allá por los años en que escribía el gran poeta de Archena.

Y eso es lo que hago ahora, escribir aquí el texto completo de «La almazara», esperando que guste, y aun sabiendo que aquellos que mejor lo podrían entender, los que tienen ya una edad avanzada, son quienes, precisamente por su edad y por su escasa, cuando no nula, formación en las nuevas tecnologías, no pueden acceder a él en internet.

La almazara

Tan bonica eres, que pienso

que has nacío pa ser reina…

¡y vienes a la almazara

a buscar almazareta!...

Esta copla canta un mozo

al par que guía la récua,

que en sárrias a la almazara

la oliva lleva…

Al läo de la almazara

está, con el agua negra

y con sus ojos de aceite,

la balsa de las agüeras.

Van a parar a esa balsa

las escurrimbres o sea

lo que se viene a llamar

alpechín o almazareta.

Ande se cría la oliva

hay pobres de tal pobreza,

que el aceite

no lo prueban…

Pa alumbrarse y calentarse,

la noche entera

que pasan haciendo lía,

broza del esparto queman…

Ahogándose y con los ojos

llorando de la humarëa…

¿El aceite pa alumbrarse?

¡Ya pa comer lo quisieran!

Hay ricos que pa hacer güertos,

arrancan las oliveras…

y las compran otros ricos

pa hacer leña…

Hay pobres

que ya que entrar les cosientan

a algún bancal de panizo

por un capazo de cepas.

De otros pobres,

cuando ya el invierno aprieta,

las mujeres y las hijas

van a por almazareta.

A la orilla de la balsa

de la almazara, se sientan

y van ras en ras del agua

pasando la mano abierta.

En la palma de la mano

el aceite se les pega

hecho ojos, y así lo escurren

en las ollicas que llevan.

Es de pobres

ir a espigar en la siega…

¡pero es más de pobres-pobres

el ir por almazareta!

          *

Me daba a mí gusto ver

el trajín de la almazara:

las récuas trayendo oliva

con herpiles y con sárrias…

Adentro los alhorines

en ande se descargaba,

los cuáles se iban llenando

por tanda:

Aquí la negra,                                          

allí la de cornicabra,

en unos la muy maüra

y en otros la que aguantaba…

Luego el molino:

su mula mansa

y la piedra como un zompo

que la oliva machacaba.

Dempués la prensa y sus vigas

tan grandes que me pasmaban

y escurriendo los cofïnes

el aceite y las aguazas…

Del piñuelo que salía

de la prensa, se llenaban

camaranchones

y cámbaras…

A la lumbre siempre había

una gran caldera de agua

y, en ves de leña, piñuelo

quemaban.

Ardía como la pólvora

el piñuelo y siempre estaba,

de la cocina en las losas,

el fuego hecho un pan de brasas…

Noche y día

la almazara

sin descanso

trebajaba…

Iban el aceite límpio

echándolo en las tenajas

o en pellejos pa llevárselo

o, ya más puro, en las zafras.

Y los hombres

que haciendo aceite velaban,

solían hacer tostones

por las mañanas…

Al ir pa la escuela,

a mí me llamaban:

«¡Toma, Vicentico!»

y una galpá me echaban.

Ya el sol altico, se vían

las mujeres y muchachas

venir por almazareta

a la almazara…

Ya el sol altico venían:

era un puro yelo el agua

y arrecías

las manos se les queäban…

El mozo aquel de la récua,

entonces, a la muchacha,

mirándola condolío,

la coplica le soltaba:

Tan bonica eres, que pienso

que has nacío pa ser reina…

¡y vienes a la almazara

a buscar almazareta!...

Medina, Vicente: Aires murcianos.

Murcia, Academia Alfonso X el Sabio,

1981, págs. 293-297.

 

viernes, 7 de marzo de 2025

Inteligencia

Vivir acorde con lo que te rodea, con lo que tienes, con lo que hay… (y tómese ese «hay» de la manera más amplia posible, que incluya el cómo eres y el cómo estás…, sí, el cómo te encuentras física y psíquicamente en cada momento de tu vida).

Seguir los consejos de los «sabios», muchos de ellos estoicos (importancia de los clásicos: Epicuro, Marco Aurelio, Séneca, Montaigne…), y los de las actualmente muy extendidas teorías de la «inteligencia emocional».

Finalidad: ser feliz; a lo que un servidor añadiría: «dentro de lo que cabe».

 

viernes, 28 de febrero de 2025

Hablar, leer y escribir

Voy andando y oyendo la radio cuando uno de los contertulios de la SER hace alusión a una frase que, como nombra dos de mis temas favoritos —la lectura y la escritura—, me induce a la escucha. Dice algo así como que la lectura hace al hombre completo, la escritura preciso… y alguna otra cosa más que no pillo, por lo que no puedo grabarlo en el móvil con suficientes garantías de fidelidad; ¡ah!, y creo entender que su autor es Rostand.

Por la tarde busco en internet y pronto llego a un sitio de autoría clara (me gusta saber en qué fuentes bebo). «La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso» encuentro en un artículo firmado por Sarah Romero en Muy Interesante (consulta 16-08-2020). ¡Ah!, y el autor es Francis Bacon, no Rostand.

Tranquilamente, lo pienso, le doy unas cuantas vueltas en mi cabeza y… sí, me gusta, y estoy de acuerdo. Aunque, como soy algo tiquismiquis, ante los términos «completo», «ágil» y «preciso» yo antepondría en cada caso la palabra «más», con lo que la afirmación de Bacon (mínimamente retocada por mí, por lo que ya no sería literalmente la de Bacon) quedaría así: La lectura hace al hombre más completo; la conversación lo hace más ágil, el escribir lo hace más preciso.

Matices.

 

viernes, 21 de febrero de 2025

Infinitamente menos

Echo un vistazo, por encima, deslizo la mirada en diagonal y… me gusta; se trata de «El orín de los perros», un artículo publicado recientemente por el exjuez Baltasar Garzón, en el que hace referencia a asuntos de la justicia, a algunos asuntos lamentables de su estado actual en nuestro país (InfoLibre, 03-02-2025).

Y su lectura me lleva a revisitar el ejemplar (desde hace cincuenta años acudo a él de vez en cuando: por eso anda muy manido el pobre) de la Antología rota de León Felipe (Editorial Losada, Buenos Aires, 1974), un título que conservo con mimo desde principios de los setenta en mis estantes de libros de poesía. Y ello, a su vez, me trae a la memoria cuándo, dónde y en qué condiciones lo adquirí, y en qué situación andaba nuestro país en aquellas fechas de su compra bajo mano (ya se sabe: la censura de la dictadura) a mis veintipocos años.

Al poema en el que aparece el sintagma «el orín de los perros» («Pero ya no hay locos», págs. 54-56 de la citada antología) me he referido en diversas ocasiones charlando entre amigos y conocidos de confianza, aunque no para centrar el foco donde lo quiero hacer ahora. Hasta hoy siempre lo había centrado en unos pocos versos de su comienzo, entre los que destacaba uno en concreto:

Franco…. el sapo iscariote y ladrón en la silla del

   juez repartiendo castigos y premios.

Pero la lectura del artículo de Garzón me lleva ahora a fijar mi atención en otra parte del poema, que bien podría resumirse en los siguientes cinco versos:

Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos,

   infinitamente menos

que el orín de los perros;

si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos,

   infinitamente menos

categoría que el estiércol;

si no es ahora... ¿cuándo se pierde el juicio?

Interesante, ¿no?, el paralelismo, la conexión que establece el exjuez entre los versos del poema de León Felipe y el estado actual de la justicia en nuestro país; y acertado, muy acertado, por lo que respecta a algunos casos, quiero pensar que puntuales, de nuestro sistema judicial.