Me encuentro hablando, hace no mucho, con un amigo (asiduo lector de Abonico: me lo dice de vez en cuando) sobre los recuerdos que conservo de los productos de la tienda de mi padre sobre los que escribí en el blog unos meses atrás —pulpa, piñuelo y granillo—, y, estando detallándole algunas cosas del segundo de ellos, y también del lugar donde se obtenía —la almazara—, me pregunta que por qué había incluido en el artículo sobre esta última solo un fragmento y no el poema completo de Vicente Medina. Le respondo que no lo utilicé entero, entre otras razones, porque no quería que el escrito me quedara demasiado extenso, para no ahuyentar a quienes me leen, pero que eso se podía solucionar poniéndolo ahora íntegro, y añadí que, como me parecía una buena idea, lo haría, que lo trasladaría al blog, argumentándole que me parece un texto muy adecuado para conocer —entre otras cosas, como su preciosa escritura del habla local de la época— las condiciones de pobreza en las que malvivía la gente humilde en la huerta de Murcia allá por los años en que escribía el gran poeta de Archena.
Y eso es lo que hago ahora, escribir aquí el texto completo de «La almazara», esperando que guste, y aun sabiendo que aquellos que mejor lo podrían entender, los que tienen ya una edad avanzada, son quienes, precisamente por su edad y por su escasa, cuando no nula, formación en las nuevas tecnologías, no pueden acceder a él en internet.
La almazara
Tan bonica eres, que pienso
que has nacío pa ser reina…
¡y vienes a la almazara
a buscar almazareta!...
Esta copla canta un mozo
al par que guía la récua,
que en sárrias a la almazara
la oliva lleva…
Al läo de la almazara
está, con el agua negra
y con sus ojos de aceite,
la balsa de las agüeras.
Van a parar a esa balsa
las escurrimbres o sea
lo que se viene a llamar
alpechín o almazareta.
Ande se cría la oliva
hay pobres de tal pobreza,
que el aceite
no lo prueban…
Pa alumbrarse y calentarse,
la noche entera
que pasan haciendo lía,
broza del esparto queman…
Ahogándose y con los ojos
llorando de la humarëa…
¿El aceite pa alumbrarse?
¡Ya pa comer lo quisieran!
Hay ricos que pa hacer güertos,
arrancan las oliveras…
y las compran otros ricos
pa hacer leña…
Hay pobres
que ya que entrar les cosientan
a algún bancal de panizo
por un capazo de cepas.
De otros pobres,
cuando ya el invierno aprieta,
las mujeres y las hijas
van a por almazareta.
A la orilla de la balsa
de la almazara, se sientan
y van ras en ras del agua
pasando la mano abierta.
En la palma de la mano
el aceite se les pega
hecho ojos, y así lo escurren
en las ollicas que llevan.
Es de pobres
ir a espigar en la siega…
¡pero es más de pobres-pobres
el ir por almazareta!
*
Me daba a mí gusto ver
el trajín de la almazara:
las récuas trayendo oliva
con herpiles y con sárrias…
Adentro los alhorines
en ande se descargaba,
los cuáles se iban llenando
por tanda:
Aquí la negra,
allí la de cornicabra,
en unos la muy maüra
y en otros la que aguantaba…
Luego el molino:
su mula mansa
y la piedra como un zompo
que la oliva machacaba.
Dempués la prensa y sus vigas
tan grandes que me pasmaban
y escurriendo los cofïnes
el aceite y las aguazas…
Del piñuelo que salía
de la prensa, se llenaban
camaranchones
y cámbaras…
A la lumbre siempre había
una gran caldera de agua
y, en ves de leña, piñuelo
quemaban.
Ardía como la pólvora
el piñuelo y siempre estaba,
de la cocina en las losas,
el fuego hecho un pan de brasas…
Noche y día
la almazara
sin descanso
trebajaba…
Iban el aceite límpio
echándolo en las tenajas
o en pellejos pa llevárselo
o, ya más puro, en las zafras.
Y los hombres
que haciendo aceite velaban,
solían hacer tostones
por las mañanas…
Al ir pa la escuela,
a mí me llamaban:
«¡Toma, Vicentico!»
y una galpá me echaban.
Ya el sol altico, se vían
las mujeres y muchachas
venir por almazareta
a la almazara…
Ya el sol altico venían:
era un puro yelo el agua
y arrecías
las manos se les queäban…
El mozo aquel de la récua,
entonces, a la muchacha,
mirándola condolío,
la coplica le soltaba:
Tan bonica eres, que pienso
que has nacío pa ser reina…
¡y vienes a la almazara
a buscar almazareta!...
Medina, Vicente: Aires murcianos.
Murcia, Academia Alfonso X el Sabio,
1981, págs. 293-297.
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