«La
auténtica medida de la vida es el recuerdo», leí, hace ya un tiempo, que pensaba Walter Benjamin (Foenkinos, David: Charlotte. Madrid: Alfaguara, 2015, pág. 158).
Ahora,
quizás porque dedico buena parte de mis horas a escribir sobre mis recuerdos,
me doy realmente cuenta del acierto que encierra esta oración.
Ya
acabado y a punto de publicar Presentes (Abonico, 10-01-2025), me
pregunto de qué me suena —pues desde luego que me resulta familiar, muy
familiar— lo de «triste España sin ventura» que he escrito un poco a la ligera
al final del mismo; y es que, en este momento, no lo tengo claro a pesar de
haber utilizado esas cuatro palabras para aludir a la España de 1939; por ello
decido buscar en internet, y pronto doy con la tecla.
Triste España sin ventura es el título de un romance muy conocido de Juan del Encina,
una de las figuras más importantes de la cultura española de finales del siglo xv, tanto, y sobre todo, en literatura: concretamente en el campo
de la poesía y, más aún, del teatro, como en el de la música, en la que utiliza
tres tipos de formas musicales, la canción, el romance y, especialmente, el
villancico, tan típico e importante aquí como el madrigal en Italia.
El
romance Triste España sin ventura
refleja el dolor por la muerte del príncipe Juan, segundo hijo de los Reyes
Católicos, pero primer y único varón y, por tanto, heredero de la corona, en el
que se tenían puestas las esperanzas de la unión real de los dos reinos
(Castilla, por parte de Isabel, y Aragón, por la de Fernando), algo que no pudo
llevarse a cabo porque el príncipe murió en 1497, con diecinueve años.
De
constitución endeble, me informo en la Wikipedia de que murió a
consecuencia de unas fiebres (en otro lugar leo que probablemente muriera de
tuberculosis), pero la leyenda lo atribuyó a «excesos de amor», concretamente a
los cometidos durante los seis meses que llevaba casado con la princesa
Margarita de Austria, por la que, por lo visto, sentía una «gran pasión
marital» (Wikipedia). Léase, al respecto, el testimonio —un documento muy
curioso e interesante— del humanista Pedro Mártir de Anglería, que estuvo al
servicio de los Reyes Católicos y de sus sucesores:
«Preso en el amor de la doncella, ya está demasiado pálido nuestro joven
Príncipe. Los médicos, juntamente con el Rey, aconsejan a la Reina que alguna
vez que otra aparte a Margarita del lado del Príncipe, que los separe y les dé
treguas, alegando que la cópula tan frecuente constituye un peligro para el
Príncipe. Una y otra vez la ponen sobre aviso para que observe cómo se va
quedando chupado y la tristeza de su porte; y anuncian a la Reina que, a juicio
suyo, se le pueden reblandecer las médulas y debilitar el estómago. Le instan a
que, mientras le sea posible, corte y ponga remedio al principio. No adelantan
nada. Responde la Reina que no es conveniente que los hombres separen a quienes
Dios unió con el vínculo conyugal» (Pedro Mártir de Anglería, epístola 176,
Epistolario, trad. por José López de Toro, Madrid, 1953, I, P. 334).
Jones, Royston
Oscar y Lee, Carolyn: Juan del
Encina. Poesía lírica y cancionero musical. Madrid, Castalia, 1972,
pág. 212).
La conmoción producida
por el fallecimiento del príncipe se reflejó en numerosos funerales celebrados
por toda la península y en gran cantidad de textos lamentando la pérdida. Uno
de esos textos es Triste España sin ventura, cuya letra transcribo aquí
desde la obra de Jones y Lee.
Triste
España sin ventura
Triste España
sin ventura,
todos te deven
llorar.
Despoblada de
alegría,
para nunca en ti
tornar.
Tormentos,
penas, dolores,
te vinieron a
poblar.
Sembróte Dios de
plazer
porque naciesse
pesar;
hízote la más
dichosa
para más te
lastimar.
Tus vitorias y
triunfos
ya se hovieron
de pagar:
pues que tal
pérdida pierdes,
dime en qué
podrás ganar.
Pierdes la luz
de tu gloria
y el gozo de tu
gozar;
pierdes toda tu
esperança,
no te queda qué
esperar.
Pierdes Príncipe
tan alto,
hijo de reyes
sin par.
Llora, llora,
pues perdiste
quien te havía
de ensalçar.
En su tierna
juventud
te lo quiso Dios
llevar.
Llevóte todo tu
bien,
dexóte su
desear,
porque mueras,
porque penes,
sin dar fin a tu
penar.
De tan penosa
tristura
no te esperes
consolar.
Juan
del Encina
Para
quienes quieran escuchar la música que ideó Juan del Encina para Triste
España sin ventura, ofrezco a continuación un vídeo con una buena versión
del romance —vocal e instrumental—, la de Jordi Savall al frente de La Capella
Reial de Catalunya y Hespérion XXI. (Solo he encontrado la música, no el vídeo
de la interpretación, por lo que he aprovechado para colocar, en lugar del
mismo, la letra del romance, verso a verso, y alguna otra información, con el
fin de facilitar el que se pueda hacer un seguimiento cómodo de la audición.)