Me ponen de mal humor quienes
arremeten contra «la mala educación de ahora» (ese «ahora» lo vengo escuchando
desde hace muchos años). Aseguran estos arremetedores que, debido a una total
permisividad (les gusta mucho decir eso de que no hay que confundir libertad
con libertinaje), hoy en día se han perdido el respeto y los buenos modales, y
lo dicen al tiempo que, ignorantes, ensalzan la para ellos buena educación de
antes, y la ensalzan de tal manera… que llegan a bendecir —por lo visto los
echan de menos— los supuestos beneficios del uso de la correa por los padres y
del de la palmeta por los maestros.
Por eso me ha alegrado el día la
lectura de esta noticia:
Los nacidos entre 1997 y 2012, que
ahora tienen como mucho 22 años, se distinguen por ser menos problemáticos que
los mileniales de la generación anterior: fuman poco, beben menos, consumen
menos drogas y salen menos de noche; parecen más responsables, son más
estudiosos, más familiares y mejores compañeros; y aunque seguramente sufren
más ansiedad, parecen más sanos y se declaran más felices. (Llaneras, Kiko: «La generación Z tampoco
es peor que las anteriores (aunque los adultos no lo crean)», El País,
29-12-2019).