Hace ya muchos años que soy lector de El País, concretamente… desde su fundación, salvo algún período de desencanto, de descontento y abandono temporal por mi parte. Y ahora, que quiero escribir unas letras sobre Forges, uno de sus más grandes colaboradores, me viene al recuerdo que siempre, desde el principio, cuando leía dicho medio en papel, he disfrutado, si bien no igual en cada caso, de todos sus colaboradores humoristas, de cada uno en su momento.
Sí, disfruté de las pequeñas viñetas —pequeñas solo de tamaño— de Romeu y también de las de Máximo; igualmente seguí con interés cuando publicaron sus trabajos en El País —después los he buscado en internet—, a Erlich y a Maitena; y actualmente, además de los dibujos de Peridis —reconozco que poco visitados—, el disfrute máximo me lo proporcionan las entregas diarias de otro de los grandes de la viñeta, el incomparable —por magnífico, por singular, por genio...— Joaquín Rábago, ‘El Roto’.
Junto a algunas de las de todos los nombrados en el párrafo anterior, aparecen en mi recuerdo y muchas de ellas en mis archivos —y estas son las que me interesan ahora sobre todo—, las viñetas del divertidísimo Antonio Fraguas, «el ‘Forges’», que así nos referíamos al mismo sus admiradores, con el artículo antepuesto al nombre (por cierto, una ingeniosa invención del humorista obtenida de su primer apellido: «Fraguas»), quizás el viñetista del que, como he leído por ahí, más fácilmente se reconocen a primera vista sus peculiares dibujos, un muy gracioso y peculiar genio del humor al que un servidor seguía a diario cuasi religiosamente, con entusiasmo.
Hubo un tiempo (hace ya bastantes años, cuando compraba El País en papel: ahora estoy suscrito a su edición digital) en el que, al abrir el periódico para su lectura, lo primero que buscaba y miraba era la viñeta de Forges, que aparecía en la misma página que el editorial del prestigioso medio. Y ahora, después de su muerte en 2018, echo mucho de menos sus ocurrencias, sus personajes, su vocabulario tan personal..., todo plasmado en sus inconfundibles viñetas, con su sensacional sentido del humor, con su maravillosa creatividad, por cierto... muy crítica con los mandamases de la sociedad, con los de verdad, que aparecen en ellas muy bien retratados.
De todos los viñetistas nombrados en los párrafos anteriores, así como de algunos otros, colaboradores de otros medios de información, he ido guardando con el tiempo y lo sigo haciendo todavía (primero lo hice en papel —previamente recortadas— y después y ahora en formato digital), las viñetas que en cada momento me han gustado, hasta el punto de que, con el tiempo, he logrado reunir una buena selección —numerosa y de calidad— de las mismas, a la que echo un vistazo de vez en cuando —ventajas del ordenador—, y así refresco mi memoria al tiempo que disfruto revisitándolas.
Como estamos en agosto, en días de mucho calor, he decidido que sería buena idea, pensando en su publicación aquí en Abonico, seleccionar unas cuantas viñetas de Forges que nos ilustren sobre su satírica visión del veraneo playero, con la que me identifico, y añadirlas al final de este texto; así, quien visite el blog tendrá la opción de detenerse en cada dibujo el tiempo que estime conveniente, a la vez que podrá ampliar cualquier imagen para mejorar la apreciación de algún detalle en particular.
Y ya está. Me pongo manos a la obra y lo llevo a cabo. Espero que quien hasta aquí se acerque disfrute con este trabajo tanto como lo he hecho yo elaborándolo.
ESTAMPAS VERANIEGAS
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