SECCIONES

viernes, 27 de marzo de 2026

Abusos

Ante la que se ha montado hace poco porque el rey ha dicho —¡oh, sorpresa!— que hubo abusos por parte de los españoles en la conquista y colonización de América (maravillosa «evangelización» para algunos), lo más serio que se me ocurre es echar mano de lo que sobre este asunto dejó escrito alguien que estuvo presente en el mismo, el dominico Fray Bartolomé de las Casas, defensor de los indígenas americanos, de cuya obra se dice que fue el origen de la famosa Leyenda Negra, unos escritos de los que ofrezco aquí una selección personal de fragmentos, un pequeño y creo que aleccionador muestrario de ejemplos de «evangelización» (me he centrado, por lo que interesa ahora, a sucesos ocurridos en tierras de México) en los que se refiere a las hazañas de algunos de aquellos benefactores —para muchos lo fueron— que tan piadosamente trataron a los nativos.

 […] Estas son las obras y ejemplos que hacen y honra que procuran a Dios en las Indias los malaventurados españoles […]

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[…] «fue proveído para gobernar la ciudad de México y toda la Nueva España, con otros grandes tiranos por oidores y él por presidente. El cual con ellos cometieron tan grandes males, tantos pecados, tantas crueldades, robos y abominaciones que no se podrían creer […].

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[…] quemaba los pueblos, prendía los caciques, dábales tormentos, hacía cuantos tomaba esclavos; llevaba infinitos atados en cadenas. Las mujeres paridas, yendo cargadas con cargas que de los malos cristianos llevaban, no pudiendo llevar las criaturas por el trabajo y flaqueza de hambre, arrojábanlas por los caminos, donde infinitas perecieron. Un mal cristiano, tomando por fuerza una doncella para pecar con ella, arremetió la madre para se la quitar: saca un puñal o espada y córtale una mano a la madre, y a la doncella, porque no quiso consentir, matóla a puñaladas.

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[…] mató muchos indios ahorcándolos y quemándolos vivos y echándolos a perros bravos y cortándoles pies y manos y cabezas y lenguas, estando los indios de paz, sin otra causa alguna más de por amedrentallos, para que le sirviesen y diesen oro y tributos […]

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Dícese dél que ochocientos pueblos destruyó y abrasó en aquel reino de Jalisco […]

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[…] han hecho en ellos tan grandes crueldades que cuasi han acabado de despoblar y asolar toda aquella gran tierra, matando infinitas gentes […]

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Comenzó este tirano con trecientos que llevó consigo a hacer crueles guerras a aquellas gentes buenas, inocentes, que estaban en sus casas sin ofender a nadie, donde mató y destruyó infinitas gentes […]

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[…] hace a barrisco [barre sin cuenta ni motivo] todos los que no mataba, esclavos; y a muchos navíos que venían al olor y fama de los esclavos enviaba llenos de gentes vendidas por vino y aceite y vinagre, y por tocinos y por vestidos y por caballos y por lo que él y ellos habían menester, según su juicio y estima. Daba a escoger entre cincuenta y cien doncellas, una de mejor parecer que otra, cada uno la que escogese, por una arroba de vino, o de aceite o vinagre, o por un tocino, y lo mesmo un muchacho bien dispuesto, entre ciento o docientos escogido, por otro tanto. Y acaeció dar un muchacho que parecía hijo de un príncipe por un queso, y cien personas por un caballo […]

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[…] una india enferma, viendo que no podía huir de los perros que no la hiciesen pedazos como hacían a los otros, tomó una soga y atóse al pie un niño que tenían de un año y ahorcóse de una viga. Y no lo hizo tan presto que no llegaron los perros y despedazaron el niño, aunque antes que acabase de morir lo batizó un fraile […]

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[…] Este hombre perdido se loó y jactó delante de un venerable religioso desvergonzadamente, diciendo que trabajaba cuanto podía por empreñar muchas mujeres indias, para que vendiéndolas preñadas por esclavas le diesen más precio de dinero por ellas […]

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[…] yendo cierto español con sus perros a caza de venados o de conejos un día, no hallando qué cazar parecióle que tenían hambre los perros, y toma un muchacho chiquito a su madre y con un puñal córtale a tarazones los brazos y las piernas, dando a cada perro su parte, y después de comidos aquellos tarazones, échales todo el corpecito en el suelo a todos juntos. […]

De las Casas, Bartolomé: Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Edición de José Miguel Martínez Torrejón. Editorial Universidad de Antioquía. (Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y Universidad de Alicante, 2006, págs. 84-92).

 

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