A vueltas otra vez con los recuerdos de la infancia. En la salita de la casa de mis padres, bajo el primer tramo de la escalera que de la habitación subía a la planta en la que estaban los dormitorios, había una covacha, cerrada con obra, a la que se accedía por una pequeña puerta colocada en la parte más alta del triángulo rectángulo que formaba su fachada, justo casi debajo del descanso de la escalera.
El término «covacha» (de cueva → covacha) me recuerda que en Murcia, en la calle Trapería, había —no sé si todavía seguirá allí, quizás dedicado a otros menesteres— un diminuto establecimiento de prensa de unos poquísimos metros cuadrados, llamado La covachuela, donde se podía encontrar gran variedad de periódicos, revistas, incluso algunos libros. Me acuerdo de haber comprado en él algunas veces la revista Triunfo en los primeros años de los muchos en que fui lector de la misma.
En aquella oscura covacha de la casa de mis padres —no había bombilla alguna en su interior—, siendo niño, me gustaba entrar, mejor con una linterna en la mano, y curiosear detenidamente, entreteniéndome con algunos de los objetos que había dentro, bastantes de ellos, trastos abandonados y, sobre todo, ropa.
Recuerdo concretamente que aquel era el sitio habitual de la costura de mi madre, un recipiente portátil, voluminoso pero poco pesado, elaborado artesanalmente con cañas trenzadas, entretejidas, como un gran cesto, con dos pequeñas asas en su borde superior para un mejor asimiento; y en aquella costura —junto a algunas prendas de ropa: falda, calcetín, pantalón…—, había siempre dedales, cajitas con botones, imperdibles, agujas, alfileres, corchetes, carretes de hilo de distintos colores, además de una cinta métrica amarilla y, lo que más llamaba mi atención, un huevo de madera para zurcir medias y calcetines.
Ese recipiente, era donde después de recoger la colada, se colocaban las prendas que estaban a falta de reparar: coser un botón, zurcir una sabana o remendar un pantalón y le llamábamos " La costura" y que yo aún conservo.
ResponderEliminarY...además de servir para esto.la covacha, en tiempos de guerra, escondió a dos de nuestros tíos, a Ángel Abellán Zamora y José González Saez
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