Me acuerdo ahora del extraordinario humor del grandísimo Quino al tiempo que me viene a la cabeza —no sé a cuento de qué— la imagen de una tira de Mafalda en la que se ve —la busco y me cercioro de ello— en la primera viñeta a uno de sus personajes habituales, Miguelito, que mira a lo lejos la torre de una casa al tiempo que tapa parcialmente su visión interponiendo el pulgar de su mano izquierda entre su mirada y la distante imagen de la torre.
—¡Sorprendente! ¡mi dedo es más grande que la torre de aquella casa! —le dice el chiquillo a Mafalda, que está junto a él e interviene a continuación con una pregunta:
—¿Sabés por qué lo ves más grande, Miguelito?
—¡Claro! —responde el niño de inmediato— porque el dedo es mío y me importa muchísimo más que la torre.
De una lógica aplastante: es evidente que el dedo es muchísimo más pequeño que la torre, pero… es SU dedo.
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