Encontré la cita hace unos años, leyendo uno de los volúmenes de los, para mí, muy recomendables Diarios de Iñaki Uriarte (Pepitas de calabaza, 2011), en el que el autor atribuye a Blaise Pascal —el del famoso «Principio» que lleva su nombre— la siguiente reflexión: «Todo lo malo viene de no saber estar a gusto en casa». Y, como me gustó la idea, ya que, aunque no tan tajantemente, de alguna manera, conecta con mi manera de pensar, la dejé escrita por ahí (o por aquí, no recuerdo bien).
Recientemente, ojeando en el móvil las noticias que el algoritmo de turno me envía a su antojo, me he encontrado con otro pensador que, aunque de otra forma, de manera muy original, también me da la razón:
«Byung-Chul Han, filósofo: “Quedarse en casa es la manera más lúcida de resistencia; es un bastión de libertad”». El pensador surcoreano recomienda huir de los estímulos constantes y aprender a hallar la felicidad y la libertad lejos del ruido de la sociedad actual (Murillo, Sergio, 30-12-2025, As).
Y es que… a lo largo de mis tiempos jóvenes, lo escuché decir muchas veces, pues en casa de mis padres era frecuente que, cuando nos llegaba información sobre algún suceso trágico, como que alguien o álguienes había/n tenido un percance de poca o ninguna fortuna, un accidente, una catástrofe…, digo que era frecuente que mi padre dijera: «si se hubiera/n quedado en su/s casa/s…».
Así que no es de extrañar que, desde hace ya algún tiempo, en situaciones similares, ante algún desgraciado suceso de la misma o parecida índole, mi hijo Antonio y yo, rememorando a mi padre, bromeemos, no sin algún remordimiento por hacerlo sobre estos temas, y dejemos caer, cualquiera de los dos y a veces los dos al unísono: «si se hubiera/n quedado en su/s casa/s…».
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