SECCIONES

viernes, 4 de septiembre de 2026

ANDUVO Y ANDÓ

Aunque inseguro, Antonio se considera —lo ha pensado más de una vez—, si no muy sobrado de instrucción, sí lo suficientemente formado y puesto al día: «en un grado decente», es la expresión que le gusta utilizar al referirse a ello. En la exigente autoinspección con la que se castiga de vez en cuando, se ve a sí mismo superando, no cree que por mucho ni, por supuesto, en todos los aspectos —algo que sería imposible—, el mínimo que estima conveniente para —y aquí duda— un conocimiento aceptable del mundo, de su evolución, de su sociedad, de su cultura…

Y viene observando desde hace tiempo que alguna gente lo mira con gesto de extrañeza, como a bicho raro, de arriba abajo, examinándolo, en concreto cuando se expresa oralmente sobre determinadas cuestiones; así le ocurre, por ejemplo, al utilizar en su discurso algunas formas del pretérito perfecto simple de ciertos verbos irregulares, como es el caso del tan común «andar».

—Sí, ayer anduve diez mil pasos —dice, refiriéndose al tema de sus habituales caminatas.

—¿¡Eim!? —le responde, frunciendo el ceño y casi gruñendo, el escuchante de turno, con extrañeza ante tal extravagancia— ¿anduqué?

Pensando en esto, le viene a la memoria, y lo recuerda como chocante y gracioso, el título —o subtítulo, no está muy seguro— de una sección de la revista El Papusel papus - revista satírica y neurasténica»), un título o subtítulo de sección que decía algo así como:

El Papus estuvió allí. Bueno... estuvir estuvir no estuvió, pero como si estuviera.

Y, recientemente, la última vez que se ha acordado de esto ha sido releyendo una selección de fragmentos y anotaciones que, en su momento, señalando con lápiz y marcando con algún que otro posit, hizo en Cocodrilos en el diccionario. Hacia dónde camina el español, un libro del Instituto Cervantes publicado por Espasa Calpe, que leyó hará cosa de un año y le pareció muy interesante desde un punto de vista informativo lingüístico, y, además, muy agradablemente aderezado, salpimentado a lo largo de sus páginas, con anécdotas y con chistes que a Antonio se le ocurre calificar de humor «filológico», como el ejemplo que viene a continuación, que los autores del libro dicen haber tomado de un artículo de Enrique Arias Vega («Andó, jodido, pero andó», elperiódico.com, 09/10/2008).

[…]

Todos conocemos el chiste del coadjutor que predicaba sobre la resurrección de Lázaro. «Cuando Jesús le dijo “levántate y anda”, Lázaro andó», sermoneaba el auxiliar. Escandalizado por el lapsus linguae, el párroco le susurró, con irritación a su subordinado: «Anduvo, jodido, anduvo». Creyendo cogerla al vuelo, el coadjutor precisó la frase: «Al principio anduvo jodido, pero andó».

[…]

VV.AA. (Instituto Cervantes): Cocodrilos en el diccionario. Hacia dónde camina el español. Madrid: Espasa Calpe, 2016, Pág. 170.

Así que «anduvo», pero también «andó».

 

viernes, 28 de agosto de 2026

IMPRESIÓN

Por qué será, me digo, que, cada vez que ocurre algún desastre, sea del tipo que sea, y más aún cuanto más catastrófico (los últimos en nuestro país han sido el de la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta y el de los incendios forestales, y el mayor de todos, y a nivel mundial, fue el de la pandemia del coronavirus), digo que por qué será que me da la impresión de que en cada caso hay alguien —álguienes, pues me imagino a no poca gente haciéndolo— babeando de gusto y frotándose las manos al tiempo que piensa en el beneficio que le puede —que le va a— proporcionar la tragedia de turno, la que toca sufrir en cada ocasión (En la imagen gráfica imaginada, un bocadillo de texto salido de la cabeza  de ese alguien delata el sucio —¿solo sucio?— pensamiento del individuo en cuestión).

 

viernes, 21 de agosto de 2026

REFUGIOS

Me cuenta Antonio que anoche salió con una amiga y que cenaron en uno de los muchos lugares que para ello hay en la zona comercial de Nueva Condomina.

Pensando en lo poco que le gustan las aglomeraciones de personas, le pregunto si había mucha gente por la zona, y me dice que sí, que muchísima: un gentío; quizás —añade inmediatamente— porque allí la temperatura, garantizada por el aire acondicionado, es buena, y el personal, huyendo del calor extremo, se desplaza hasta el lugar para hacer alguna compra, para tomar algo, para ir al cine… o, simplemente, para pasear y ver escaparates, que le sale más económico. 

Al hilo de esta cuestión, hablamos de que estos lugares se han convertido en «refugios climáticos», una expresión —vengo fijándome últimamente en ella— asociada al cambio climático, que se suele aplicar a lugares que sirven de protección ante las altas temperaturas que nos asolan cada verano, de cada año… y cada vez peor.

Como ni Antonio ni yo pertenecemos al grupo de los optimistas, ni respecto de este asunto ni del de otros muchos, pensamos, y lo comentamos aderezándolo con un poco de humor, que, en un futuro no muy lejano, estos y otros refugios climáticos acabarán por ser monetizados, y, en consecuencia, quien quiera utilizarlos tendrá que pasar por caja; sí, creemos que de alguna manera —ya encontrarán los lissstos de turno la forma o formas de cobrar— habrá que pagar por ello.

¡Es la economía, amigo!, que diría un delincuente famoso perteneciente al grupo de ese tipo de lissstos mencionado.

 

viernes, 14 de agosto de 2026

VERANEO CON FORGES

Hace ya muchos años que soy lector de El País, concretamente desde su fundación, salvo algún período de desencanto, de descontento y abandono temporal por mi parte. Y ahora, que quiero escribir unas letras sobre Forges, uno de sus más grandes colaboradores, me viene al recuerdo que siempre, desde el principio, cuando leía dicho medio en papel, he disfrutado, si bien no igual en cada caso, de todos sus colaboradores humoristas, de cada uno en su momento.

Sí, disfruté de las pequeñas viñetas —pequeñas solo de tamaño— de Romeu y también de las de Máximo; igualmente seguí con interés cuando publicaron sus trabajos en El País —después los he buscado en internet—, a Erlich y a Maitena; y actualmente, además de los dibujos de Peridisreconozco que poco visitados—, el disfrute máximo me lo proporcionan las entregas diarias de otro de los grandes de la viñeta, el incomparable —por magnífico, por singular, por genio...— Joaquín Rábago, ‘El Roto’.

Junto a algunas de las de todos los nombrados en el párrafo anterior, aparecen en mi recuerdo y muchas de ellas en mis archivos —y estas son las que me interesan ahora sobre todo—, las viñetas del divertidísimo Antonio Fraguas, «el ‘Forges’», que así nos referíamos al mismo sus admiradores, con el artículo antepuesto al nombre (por cierto, una ingeniosa invención del  humorista obtenida de su primer apellido: «Fraguas»), quizás el viñetista del que, como he leído por ahí, más fácilmente se reconocen a primera vista sus peculiares dibujos, un muy gracioso y peculiar genio del humor al que un servidor seguía a diario cuasi religiosamente, con entusiasmo.

Hubo un tiempo (hace ya bastantes años, cuando compraba El País en papel: ahora estoy suscrito a su edición digital) en el que, al abrir el periódico para su lectura, lo primero que buscaba y miraba era la viñeta de Forges, que aparecía en la misma página que el editorial del prestigioso medio. Y ahora, después de su muerte en 2018, echo mucho de menos sus ocurrencias, sus personajes, su vocabulario tan personal..., todo plasmado en sus inconfundibles viñetas, con su sensacional sentido del humor, con su maravillosa creatividad, por cierto... muy crítica con los mandamases de la sociedad, con los de verdad, que aparecen en ellas muy bien retratados.

De todos los viñetistas nombrados en los párrafos anteriores, así como de algunos otros, colaboradores de otros medios de información, he ido guardando con el tiempo y lo sigo haciendo todavía (primero lo hice en papel —previamente recortadas— y después y ahora en formato digital), las viñetas que en cada momento me han gustado, hasta el punto de que, con el tiempo, he logrado reunir una buena selección —numerosa y de calidad— de las mismas, a la que echo un vistazo de vez en cuando —ventajas del ordenador—, y así refresco mi memoria al tiempo que disfruto revisitándolas.

Como estamos en agosto, en días de mucho calor, he decidido que sería buena idea, pensando en su publicación aquí en Abonico, seleccionar unas cuantas viñetas de Forges que nos ilustren sobre su satírica visión del veraneo playero, con la que me identifico, y añadirlas al final de este texto; así, quien visite el blog tendrá la opción de detenerse en cada dibujo el tiempo que estime conveniente, a la vez que podrá ampliar cualquier imagen para mejorar la apreciación de algún detalle en particular.

Y ya está. Me pongo manos a la obra y lo llevo a cabo. Espero que quien hasta aquí se acerque disfrute con este trabajo tanto como lo he hecho yo elaborándolo.

ESTAMPAS VERANIEGAS